Casi todos los ministerios que iniciaron las iglesias el siglo pasado estuvieron alineados a la personalidad, valores, cultura y tradición de un líder dominante. Es asombrosa la habilidad que tienen las iglesias para dividirse o los miembros para cambiar de iglesias. Cuando se observan de cerca los motivos casi siempre son iguales, en ese lugar no había espacio para mí.
Muy pocos creyentes descubrieron sus dones en esas estructuras dominantes. La justificación de un ministerio podía ser fácilmente encontrada en la expresión: él quiere que haga. El pastor identificaba una necesidad y creaba un comité con las personas que creía adecuadas. No importaba si el miembro se sentía a gusto haciendo ese tipo de trabajos o si la responsabilidad asignada estaba relacionada con sus propios sueños. Nadie podía desentonar de la visión, sométete a mí o salta del barco.
Debe emerger un nuevo estilo de liderazgo con la suficiente capacidad para articular visiones compartidas por medio de los sueños comunes. Para alcanzar la expresión de iglesia que alcanzará las nuevas generaciones necesitamos abandonar nuestras ambiciones egoístas y unilaterales, permitir que la gente sueñe dentro de las iglesias con lograr grandes cosas para Dios. A fin de cuentas, nadie es feliz viviendo el sueño ajeno.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.