Estuve viendo Mar Adentro, una excelente película de Alejandro Amenábar. Aborda la historia de Ramón Sampedro, un tetrapléjico que aunque no puede mover su cuerpo para pararse de una cama posee muchas otras habilidades, ausentes en la mayoría de personas “normales”. Ante sus limitaciones elige la eutanasia como su puerta de escape, o de entrada, a la vida.
Después de ver la historia me quedé pensando en el verdadero valor de estar vivo, en las cosas que realmente importan. Asuntos como la autosuficiencia, la independencia o la libertad, muy importantes para la mayoría de nosotros, medidos frente otras cosas menos comunes, como a agregar valor en la vida de los otros. Paradójicamente el protagonista estaba al cuidado total de su familia, pero era desde la cama la cabeza, alma y apoyo de mucha gente, dentro y fuera de su casa.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.