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Luchando con el pecado

Rafael Pérez 17 October 2005 : 11:30 am 1,948 Lecturas

The UndertakerSiempre fui seguidor de la lucha, en especial de la lucha libre mexicana y la WWF. Muchas veces falté a la iglesia para quedarme pegado en un televisor, pues las peleas eran transmitidas justamente el domingo al medio día. Tenía que elegir, la escuela bíblica o la lucha. Casi siempre ganaba la lucha, el problema era buscar una excusa para que mi mamá me deje en casa. Sé que hubiera aprendido más en la escuela bíblica, pero no todo fue tiempo perdido, observé algo en un luchador que puede ser de utilidad para vencer el pecado.

Todos los cristianos luchamos con el pecado, pero con pecados diferentes. He visto algunos creyentes que hablan de su pecado particular como si fuera el problema global de la iglesia. Si un hermano tiene problemas para controlar su lengua en cada oportunidad que tenga de pararse en un púlpito hablará contra el chisme y la murmuración. Sin ser profeta puedo conocer los pecados de alguien solo con escuchar las cosas de las cuales habla, por lo regular atacamos más los pecados que estamos por cometer o con los cuales estamos luchando.

Hay otro caso interesante, los hermanos que supuestamente ya vencieron el pecado y se dan a la tarea de predicar sus debilidades y problemas anteriores como si eso los convirtiera en héroes de la fe. He visto predicadores invertir casi una hora en contar sus hechos pasados como si el asunto se tratara de ellos y sus propias fuerzas, sus mensajes parecen más las aventuras de un gran navegante que del testimonio de un pecador arrepentido.

Por otro lado están los hermanos que acarician y cuidan sus pecados cerrándose totalmente ante cualquier tipo de ayuda. Si alguien se interesa en darle una mano siempre evaden con la excusa de que nadie entiende su problema. Es como si un médico necesitara tener el cáncer en su propio cuerpo para ayudar un paciente. No necesito haber vivido tu pecado para señalarte la salida, a fin de cuentas casi todas las puertas son iguales.

Volviendo a la lucha, mi peleador favorito era Bret “Hitman” Hart, pero fue otro quien me dio la idea de cómo se vence el pecado: The Undertaker. Undertaker era un gran luchador, podía pasarse un largo tiempo recibiendo los más fuertes golpes, lo lanzaban por encima de la tercera cuerda, le pegaban con todo tipo de objetos y llegaba un instante en que parecía que la lucha había terminado para él. En el momento menos pensado, cuando ya todo el mundo lo había dado como perdedor, se sentaba en el cuadrilátero, decía “No más” con uno de sus gestos y tomaba a su oponente con una fuerza sobrenatural hasta dejarlo eliminado. Era una acción mecánica, parecía hasta irreal, pero es muy parecida a la forma en que un cristiano sale del pecado.

Luchar contra el pecado nos cansa, nos deja sin oxigeno, para salir victoriosos de ese enfrentamiento hay que seguir unos cuantos pasos un poco mecánicos. Cuando hablo de pasos mecánicos no estoy atribuyéndole la fuerza al hombre, es totalmente necesario recibir la fuerza sobre natural de Dios, lo que pasa es que la lucha nos deja sin fuerzas y apaga nuestros sentidos espirituales. Hasta que volvamos a recobrarlos es necesario que actuemos siguiendo un proceso que aprendimos de antemano o que alguien lo esté recitando a nuestro oído en el momento.

Nadie sale del pecado usando patines, todos salimos a pie, paso a paso. El primer paso es un convencimiento de que “no más”, tipo Undertaker. Mucha gente llega a este convencimiento cuando ya ha tocado fondo, el pecado funciona como una ola creciente y emocionante que lleva al pecador a la cúspide muy alegre pero termina al final lanzándolo contra una roca. Algunas veces necesitamos tocar fondo para llegar al convencimiento de que no más pecado, el que está en el fondo solo tiene dos opciones, o se impulsa o muere.

Después de un convencimiento de que las cosas están mal necesitamos un arrepentimiento. Arrepentirse en medio del agua no es algo poético, ni sensorial, Dios no necesita ver una lagrima en nuestros ojos para ofrecernos perdón. No se trata de hacer un largo ritual que mueva el corazón de Dios, solo tenemos que en oración confesar nuestro pecado delante de Él y con las palabras que tengamos a nuestro alcance pedir perdón. Cuando damos este segundo paso, el arrepentimiento, ya nuestro problema con el pecado terminó, pero falta un tercer paso y un proceso intermedio importante que dejaré para mañana.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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