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La vida fuera del globo

Rafael Pérez 6 October 2005 : 3:00 pm 565 Lecturas

GloboEs extraña la forma en que nos hemos acostumbrado a vivir los cristianos. Casi al momento de que alguien viene a Cristo lo sacamos de su entorno, donde está su familia, sus amigos y su vida, para que vivan en nuestro globo, aislados de todo lo que tenga que ver con el mundo. De vez en cuando ellos vuelven a sus casas, a ver sus amigos, su familia y hasta a sus hijos, pero su relación con ellos está tan deteriorada y distante que se convierte en un impedimento para compartir el evangelio.

Los cristianos creemos que la vida es nuestra realidad de iglesia, fuera de aquí no hay nada que tenga que ver con nosotros. Somos la luz del mundo pero vivimos debajo de una mesa, nos atemoriza entrar en contacto con las tinieblas. Tenemos fobia a encontrarnos en un espacio abierto y amenazante, el mundo es el enemigo, no queremos ningún contacto con el. Creo que el objetivo de los múltiples programas de una iglesia es mantener a los creyentes alejados del mundo. He conocido iglesias que tienen reuniones todas las noches de lunes a sábado y dos reuniones los domingos, ¡el pastor tiene el valor de reclamarle a la congregación que no trae a sus amigos! Si paso todo mi tiempo dentro de cuatro paredes no puedo conocer gente con quien compartir mi fe.

Nuestro poco contacto con el mundo se nota hasta en la forma en que compartimos el evangelio. La gente venía a Cristo porque Cristo era sensible a la gente. A diferencia de los maestros de la ley, Él comía con ellos, ponía su oído en su corazón para conocer sus temores y al mismo tiempo ponía la palabra en sus oídos para despejar sus dudas. Los cristianos nos sentimos muy cómodos dentro de nuestros templos y estamos dispuestos a ganar al mundo siempre y cuando el mundo venga a nosotros. Si quieres que yo comparta contigo mi fe tendrás que vestir como yo, utilizar mi vocabulario y venir a mi iglesia en el tiempo que tenemos reservado para ti. Somos insensibles hacia el mundo porque no conocemos sus dudas, temores y necesidades. Para nosotros compartir el evangelio es traer gente al globo.

Fuera de la burbuja la vida es muy diferente, hay gente sufriendo, desamparada, sin esperanzas ni fuerzas para seguir caminando. Sus ataduras son tan fuertes que no le dejarán venir a nuestra burbuja para ser ayudados. Nosotros estamos llamados a ir en busca de ellos, como lo hizo Cristo, pero estamos tan cómodos aquí dentro que no queremos movernos. El camino más corto para evadir nuestra responsabilidad es la indiferencia. Pensamos que si dejamos de ver el mundo el mundo dejará de existir.

Un médico no juzga su paciente por su condición de enfermo, al contrario, esto debe moverlo a compasión. Cuando veo un hombre quebrado por sus pecados no pienso en reclamarle sus errores pasados, pienso que donde el está yo estuve o pude haber estado. El hecho de que hoy vista vestiduras blancas y tenga un alma perfumada me dice que ayer alguien se sacrificó por mí. Cristo dejó el cielo, un lugar cómodo, seguro y confortable para hacerse hombre por amor. Yo puedo dejar mi cómodo globo, ir al sitio de donde yo vengo y hacer con mis amigos lo que Cristo hizo por mí. Ese no es solo su deseo, sino también su oración al Padre:

No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.
Juan 17:15