Sigo pensando en la expresión de la iglesia que vivirá mi generación. He tenido la bendición de pasar mucho tiempo en varias congregaciones distintas, de todas ellas tengo buenos recuerdos y experiencias, aunque en ocasiones las diferencias doctrinales ha sido muchas las cosas importantes siempre han estado presentes, y es el vinculo que nos mantiene juntos.
No creo que el futuro esté en las megaiglesias, las iglesias en las casas, la iglesia emergente o en las estrategias de crecimiento. Aunque de todo esto se pueden tomar buenos principios, pienso que el futuro está en devolver la iglesia a la gente. Es necesario volver a vivir la experiencia de ser iglesia, algo real, significativo. Basta ya de reunirnos los domingos con ropas apretadas a cantar cuatro alabanzas, recitar tres oraciones y escuchar un elaborado sermón. Sigámoslos reuniendo pero en vez de hacer la asistencia o la enseñanza la parte principal pongamos en el centro la experiencia con Dios por medio de su familia.
Ayer llegué un poco tarde a la reunión de mi iglesia, lo que menos deseaba era escuchar un largo sermón. Quería ver mis hermanos, saludarlos y saber de ellos. Las cosas que de verdad importan son el amor, la familiaridad, el calor, ¡La gente! Hubiera querido que el mensaje se termine más temprano para invertir ese tiempo en estar juntos. Prefiero dar un abrazo, vale más que diez versículos.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.