
El revolucionario es el que quiere cambiarlo todo menos a sí mismo. El cristiano es el que quiere cambiarlo todo empezando por sí mismo.
Vittorio Messori
He estado pensando en la expresión de iglesia que vivirá mi generación. Algunos dicen que el futuro está en el movimiento de iglesias en las casas y otros lo buscan en la iglesia emergente. También he escuchado voces dentro de los primeros preguntándose si lo segundo terminará por emerger. No quiero ubicar mi campamento en ninguno de los dos terrenos, pero algo está pasando, me huele a cambio.
Hace unos días escuchaba la madre de una amiga, una señora muy agradable de la generación de mi mamá, explicando sus preocupaciones con relación a los jóvenes cristianos. Tenía en el tono de su voz y en la expresión de su rostro ese dejo de lamento con que siempre hablan las madres de las cosas que no comprenden del mundo en que viven sus hijos. Ella me hablaba de la iglesia que conoció cuando vino a Cristo como si fuera la última Coca Cola del desierto. No es mi intención restar valor a la expresión de iglesia que vivió esa generación de creyentes, pero pienso que su instinto de conservación le hace a la iglesia más daño que bien.
No podemos conformarnos con solo luchar por mantener las cosas en el mismo lugar que estaban hace 40 años, tenemos que ser radicales para reencontrarnos con una impresión virgen de la novia de Cristo. En conversaciones como esas lo único que puedo decir es que estoy de acuerdo con ellos con ir atrás a buscar las cosas que dejamos, pero no solo retroceder 40 años, sino 2000.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.