Una advertencia para los cristianos que estén pensando vivir solo para Cristo, rebelarse contra algo o hacer realidad un gran sueño: asegúrense primero de comprender su situación ante Dios, que no quede ninguna duda en cuanto a eso. Puede ser que por mis condiciones no esté en las grandes ligas o que mañana sea un completo fracaso en hacer realidad los sueños que tengo para Dios, pero soy hijo, una condición muy superior a siervo, y aunque pueda cometer el error más grande nadie me quitará mi lugar en la familia de Dios.
Siempre recuerdo el caso del joven rico que pidió su herencia para lanzarse a vivir sus propios sueños, cuando regresó fracasado su padre le recibió con una fiesta. Yo me pregunto, ¿hubiera el padre recibido con más amor a su hijo si este hubiera traído su herencia triplicada? ¿Hubiera realizado una cena más grande si su hijo hubiera regresado siendo un gran empresario o un hombre muy poderoso e influyente? De algo estoy seguro, y es lo que me mantiene caminando, tengo la plena convicción de que al final del camino participaré de una gran fiesta y se me colocará un gran anillo, traiga o no traiga fortuna, tenga o no tenga dinero.
Antes de construir una gran edificación se necesita desarrollar una fuerte estructura que lo soporte, la única estructura que soporta un gran sueño o una gran visión, es Cristo, la piedra angular. Si alguien no está absolutamente seguro de su condición ante Dios no debe colocar ni siquiera dos piedras juntas, una sobre la otra. Hasta la más simple construcción es un peligro potencial para alguien que tenga dudas en el nivel más básico.
Las dudas iniciales se arrastran y crean un efecto de bola de nieve, además de esto, mantienen a los constructores mirando siempre hacia abajo, con temor, pensando si el edificio se les vendrá encima. No es posible tener una gran visión y una gran duda en la misma cabeza, por definición son palabras contradictorias. Solo un arquitecto irresponsable envía los obreros a trabajar sobre una estructura insegura, si yo mismo no estoy creyendo en el proyecto tampoco sería efectivo involucrando a otros.
Nadie entrega su vida por algo que no cree, puede levantar la mano, participar en una marcha o hasta dar un discurso, pero a la hora de la verdad, cuando hay que hacer el sacrificio mayor, es donde se marca la diferencia entre un participante de esta causa y un simple simpatizante. Los discípulos de Jesús, Ernesto Che Guevara y Galileo Galilei tienen algo en común, todos fueron perseguidos por sus ideas, pero murieron creyendo en ellas.
No es posible concentrarse en extender el reino de Cristo si ni siquiera se tiene la seguridad de ser miembro de el. Aunque no pueda lanzar la pelota fuera el estadio puedo tener la certeza de que soy parte del equipo, aunque sea otro el que empuje la carrera ganadora puedo confiar en que que celebraré con todos los que tenemos el uniforme del mismo color cuando ganemos el partido.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.