Siempre me he preguntado la razón por la cual en las reuniones de iglesia damos tanta importancia a recibir un estudio bíblico o sermón y tenemos el compartir como algo trivial o menos relevante. Tomé este párrafo del libro de Gene Edwards, da un poco de luz al respecto:
El lema del cristianismo contemporáneo es conozca la Biblia. Esta idea envuelve virtualmente el pensamiento de la época actual. Es el primer y principal concepto que se le inculca a todo nuevo converso. Esta idea todo dominante se ha mantenido en primer lugar durante los últimos 200 años, tiempo éste más que suficiente para haber sido comprobada y para que haya producido el fruto que se supone que debiera haber producido. Estimado lector, si alguna vez usted llega a conocer realmente al Señor en una experiencia profunda y permanente, vendrá a darse cuenta súbitamente de que el enseñar doctrinas ha sido algo inventado por hombres que, después de todo, no conocían tan bien el Señor. Aquellos que conocen a Cristo de veras, hablarán acerca de Cristo. Aquellos que no… pues enseñan toda suerte de cosas interesantes, de poca o ninguna importancia. Ojalá que usted sea una persona que a diario tenga encuentros y experiencias profundas e intensas con el Señor. Entonces usted también hablará acerca de las mismas cosas de que hablaban los apóstoles.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.