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Yo me mojo por ti

Rafael Pérez 22 September 2005 : 11:14 pm 542 Lecturas

RíoAl compartir el evangelio nunca me he sentido como un constructor de puentes, me identifico más con un acomodador de piedras. Siempre recuerdo mis tiempos de estudiante, en Azua. Yo vivía en el pueblo abajo, pero el colegio quedaba en el centro y la ruta hacia allá era un poco larga. La mejor manera de llegar a tiempo y sin sudar era atravesar el río.

Atravesar el río no era problema la mayoría de las veces, pues en un pueblo seco como Azua se podían contar las ocasiones en que traía agua. Era un río sucio, lleno de piedras y poco profundo. Las pocas veces que llovía se dificultaba el paso y había que colocar piedras.

Me gusta pensar en el evangelismo como el proceso de ayudar a alguien a cruzar el río. En Azua siempre había alguien servicial que juntaba las piedras para que los estudiantes pasen, alguien que mojaba su ropa para ayudar a los demás. Muchas veces las personas no se atreven a cruzar, pero siempre tengo la certeza de que pude colocar otra piedra en su vida para acercarles más a Dios. Quitar una duda, un prejuicio, o simplemente dar una respuesta a alguna de sus muchas interrogantes.

Cruzar el rió no es igual de fácil para todo el mundo, algunas personas se asustan y necesitan ser tomadas de la mano. Algunos me piden que mueva una piedra para ver si tiene la suficiente estabilidad para sostenerles. De vez en cuando tengo que voltear una que otra roca resbalosa, presentar una verdad de forma diferente haciéndola atractiva para que la persona salte. Una pisada en falso la enviaría directamente al agua.

Hacer evangelismo es en gran medida mojarse por los demás. Muy pocas veces tengo la oportunidad de tender un puente, pero siempre puedo colorar algunas piedras para hacer más corto el camino a Dios.