Después de ¿Cuán bueno es suficiente bueno? pasé a otra obra de Andy Stanley: Visioningenieria. Conocí este libro por la recomendación de un familiar después que prediqué en su iglesia un mensaje sobre los sueños relacionado con las ideas que expone.
Cuando vi la introducción del libro con expresiones tan presuntuosas como “Usted puede terminar donde se proponga” pensé que era más de lo mismo, ideas interesantes y muy positivas para obtener soluciones instantáneas, pero sus principios están bien fundamentados, basados en la historia de Nehemías, uno de mis líderes favoritos.
El autor va explicando por partes el proceso para estructurar una visión y alcanzarla, va más allá que los libros cristianos que tratan del asunto desde un punto de vista solo ministerial, su enfoque es mucho más amplio, abarcado cada uno de los papeles que desempeñamos en la vida. Quizás por eso el libro se presenta con una serie de buenas reseñas de hombres exitosos como el Presidente de SAAB. Les dejo la presentación:
La ingeniería de una visión. El proceso que se sigue para desarrollar y mantener la visión. La visión, escribe Andy Stanley, es una imagen mental clara de lo que podría ser, alimentada por la convicción de que debería ser. En Visioingienería, Stanley hace una cautivante defensa de la necesidad que tenemos de una visión clara y dada por Dios con respecto a cada uno de los papeles que desempeñamos en la vida. Tanto si usted es padre y tiene una visión para sus hijos, como si dirige una empresa y busca una visión corporativa, Visioinginería es la herramienta perfecta para ayudarlo a desarrollar y mantener los propósitos exclusivos de Dios con respecto a su vida.
Solo he leído las dos primeras partes y está más que interesante, me cae como anillo al dedo para un proyecto en el que me encuentro trabajando.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.