La educación en la República Dominicana cuenta con una regla no escrita, pero ampliamente respetada: Cada niño tiene que probar suerte jugando pelota. Muchos padres inscriben a sus hijos en la escuela y en la liga al mismo tiempo. Nunca fui muy bueno jugando al béisbol, las veces que intenté estar en una liga infantil fue siempre por la motivación de un tío. La última vez que fue a verme jugar me encontró en el center field con los brazos cruzados y el guante en la cabeza para cubrirme del sol, tuvo que desistir.
Aunque nunca mostré buenas condiciones deportivas, en el home, haciendo el intento de pegarle a la bola, aprendí una lección importante. El entrenador me veía parado esperando un lanzamiento, pero no con el gesto de alguien que desea sacar la pelota del estadio, sino como alguien desesperado porque se termine el partido para irse a su casa a jugar Nintendo. Me dijo: Prefiero que te hagan out haciendo swing a que te saquen sin hacer el intento. No progresé en el juego, pero esta lección me ha sido muy útil en el ministerio.
Nadie me dijo que podía conocer el ministerio para el cual fui creado observando mis dones, habilidades, experiencias o pasión. Tampoco tomé un taller sobre ministerios, yo descubrí el mío por el método de tanteo: prueba y error. Tuve que intentar diferentes cosas, desde cantar mexicanadas de borracho y cantinero hasta dar clases de niños. Siempre he preferido intentar a quedarme parado esperando que me canten los tres strikes.
No soy amante de las elecciones, pues levantando la mano se puede escoge un presidente, pero no un siervo. El modelo tradicional de involucrar gente en el ministerio es el tanteo de popularidad, como si el carisma por si mismo sea un buen parámetro para detectar el liderazgo. Cuando alguien quiere trabajar en la obra tiene esperar el próximo año para ver si es electo aunque sea como vocal. Si para cumplir mi ministerio dependo de que la mitad más uno de los miembros levante su mano estoy excusado delante de Dios, cuando me encuentre ante su presencia podré decirle que no serví porque no me eligieron.
La triste realidad de nuestras iglesias es que las elecciones no están funcionado. Los ex-presidentes, ex-vicepresidentes, ex-secretarios y ex-vocales no quedan con el deseo de volver a trabajar. Este tipo de actividades le mata la pasión al más fuerte de los posibles ministros. Las directivas funcionan como una ola: Mucha fuerza y motivación al principio para terminar arrastrando literalmente la iglesia y los directivos al final del camino. Al contrario, cuando un creyente descubre cual es su ministerio puede hacerlo no por un año o dos, sino para toda la vida. En tiempos de mucho fruto y en tiempos de sequía.
La mejor manera de involucrarse en el ministerio es la iniciativa personal. Los siervos más dispuestos que he conocido no tienen el perfil de alguien que gana elecciones, si dependieran de ellas quedarían condenados eternamente a calentar un banco. David, por ejemplo, fue uno de los más grandes líderes de Israel, pero cuando se realizaron las elecciones ni siquiera fue tomado en cuenta.
Si alguien de verdad desea servir tiene que mojarse los pies. La lección del entrenador sigue teniendo vigencia, es mejor fallar que salir del cuadro sin mover el bate. El temor al fracaso mantiene detenidos los ministerios de la iglesia, algo que me ha servido es no ver el fracaso como una opción, sino como la consecuencia de intentar. No podemos esperar el lanzamiento perfecto o las mejores condiciones para comenzar a ministrar, es mucho mejor probar y cambiar que quedarse sentado.
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.