Había pasado un poco el tema de los derechos de autor y la difusión de la cultura cristiana, pero de cuando en vez leo algo que me vuelve a poner a pensar sobre el asunto. Ahora le tocó el turno a Argentina. La Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) está trabajando en una nueva división cristiana que se ocupará de proteger los derechos intelectuales de los compositores y artistas cristianos y los invita a inscribirse.
Al parecer la preocupación viene de los mismos autores, pues en palabras de su titular:
…la entidad cobra mayor fuerza al conocer casos de importantes cantantes cristianos que se han sorprendido al descubrir que otros artistas grabaron sus composiciones, o sencillamente, copiaron sus temas.
No se hasta cuando mis hermanos recapacitarán y caerán en cuentas de que lo que más conviene a la causa de Cristo es la piratería, la grabación de las canciones por mil y un interpretes y la libre difusión de nuestra cultura quemando CDs, bajando música de Internet o redistribuyendo Mp3s. Entiendo, como siempre, son padres de familia.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.