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Mis creyentes favoritos

21 September 2005 : 12:35 pm Rafael Pérez 319 Lecturas

BeisbolCuando decidí vivir solo para Cristo no hice un evento de despedida, no me fui de mi iglesia ni festejé con mis amigos, solo tomé una decisión radical que ha cambiado mi forma de ver el mundo, vivir mi vida y disfrutar mi relación con Dios. Tal vez muy pocas personas se dieron cuenta, pero este ha sido el paso más significativo que he dado en los últimos años.

Entre otras cosas, lo que más me hizo replantear mis ideas con relación al cristianismo fue observar de cerca los cristianos que más admiro. No soy un creyente de grandes ligas, de los que pueden hacer ayunos de días o pasar largas horas en oración. Más bien me considero un hijo inquieto de Dios, de los que no tienen buenas calificaciones en el colegio pero son alegres y animan el día de sus padres.

Hablando del colegio, nunca tuve altas calificaciones. Recuerdo que en el bachillerato mis compañeros hacían sus promedios y esperaban obtener por lo menos 10 puntos de 30 para aprobar la asignatura, otros ya la tenían aprobada con el acumulado y competían por pasar en A. Mi meta en el último examen no era ni siquiera aprobar en B, sino peder menos de 4 puntos para calificar la asignatura. Gracias a Dios por esos maestros misericordiosos que en multitud de ocasiones me dieron un empujón hasta el 70, quizás para no verse conmigo el año entrante en el mismo curso y en la misma silla.

Mis notas espirituales son iguales o peores que las de la escuela. A diferencia de mi cristiano de grandes ligas número uno, de quien soy admirador, nunca he podido pasar dos horas de rodillas, es más, nunca he podido orar de esa manera, pues me duermo. En el rubro de los ayunos tampoco tengo mucho que mostrar, pero de que se ha intentado se ha intentado. Quizás el estudio de la Biblia sea para mis calificaciones espirituales lo que significó el deporte para mi boletín escolar, la flamante B, en azul, reluciente entre todas las demás C y notas rojas. La única categoría en que siento haber salido de la media es en esa, si no fuera por mi inconstancia, podría estar con ella en el mural de honor.

En los últimos años pasó algo preocupante, algo que cambió mi vida y me dejó espantado. Mis cristianos favoritos, los grandes ligas, los que más admiro, ¡No estaban siendo muy felices! Es más, eran las personas más tristes que había conocido en mi vida. Me daba pena, pues son creyentes esforzados, fieles y muy sinceros, pero no estaba viendo en ellos lo que esperaba ver al final del camino. Si ahora me sentía muy bien con mis calificaciones mediocres yo esperaba que cuando pudiera llegar a su nivel el asunto fuera casi la gloria. Me paré en la entrada del estadio y me dije para mis adentros: si eso es ser un cristiano de grandes ligas, prefiero jugar toda mi vida en las ligas menores.

No es que desatienda mi rendimiento, de verdad estoy muy interesado en mejorar mi average en los hábitos espirituales como la oración constante y la lectura ordenada, pero no necesito esas cosas para sentirme bien. Estoy aprendiendo a disfrutar todos los detalles del juego, desde correr las bases hasta ser recibido en primera para que me canten out! No necesito remolcar carreras para sentirme alegre, solo con sentirme parte del equipo y llevar el uniforme de la causa de Cristo soy feliz.

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