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Ministerios eficientes

6 September 2005 : 4:31 pm Rafael Pérez 377 Lecturas

Dodge ChallengerHe estado pensado en la eficiencia de la estrategia misionera del Apóstol Pablo y la forma en que pudo hacer tantos viajes misioneros con tan pocos recursos. Existe una gran diferencia entre efectividad y eficiencia, para ilustrar el asunto pondré el caso de la industria automotriz americana. Un Chevrolet Impala del 66 es tan efectivo como un Civic del 2005, pero este último le supera con creces en velocidad y ahorro de combustible por lo que es mucho más eficiente. Las misiones contemporáneas y las del siglo primero son igualmente efectivas, pero los primeros cristianos nos superaron en eficiencia, lograron más fruto con mucho menos recursos.

El Dodge Challenger es un ícono de los llamados Muscle Cars, poderosos autos deportivos fabricados durante la época dorada de la industria automotriz de Detroit. Durante los 60 no había mucha preocupación sobre el consumo de combustibles, el objetivo era desarrollar los más grandes motores para mover esas poderosas maquinas, la eficiencia no era un punto a tomar en cuenta. En la década de los 70 la crisis del petróleo pegó fuerte a las industrias de Detroit y permitió la fuerte penetración en el mercado de los japoneses y sus económicos vehículos compactos.

Entonces, ¿Qué tiene que ver un Dodge Challenger con el Apóstol Pablo? Creo que muchos esfuerzos misioneros contemporáneos funcionan como los Muscle Cars americanos: Muy Grandes, Consumen muchos recursos, muy poco eficientes. Delante de ellos el ministerio de Pablo sería como una bicicleta: Portátil, pequeña, económica y fácilmente sostenible.

La excusa numero uno de cualquier congregación para no sembrar nuevas iglesias es que consumen muchos recursos, pero en el siglo primero esa no era una limitante. Si no hubiera tenido encima una persecución tan fuerte, Pablo con facilidad hubiera sembrado de iglesias todo el mundo conocido, pues con lo que nosotros invertimos sembrando una él plantaba quinientas nuevas congregaciones.

Creo que la mejor manera de extender el reino es sembrar nuevas iglesias, y para hacerlo, debemos aprender de los japoneses abandonando el ejemplo americano. Paradójicamente, la estrategia celular, una herramienta poderosa para alcanzar este propósito, también nos vino de Asia.

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