He estado pensado en la eficiencia de la estrategia misionera del Apóstol Pablo y la forma en que pudo hacer tantos viajes misioneros con tan pocos recursos. Existe una gran diferencia entre efectividad y eficiencia, para ilustrar el asunto pondré el caso de la industria automotriz americana. Un Chevrolet Impala del 66 es tan efectivo como un Civic del 2005, pero este último le supera con creces en velocidad y ahorro de combustible por lo que es mucho más eficiente. Las misiones contemporáneas y las del siglo primero son igualmente efectivas, pero los primeros cristianos nos superaron en eficiencia, lograron más fruto con mucho menos recursos.
El Dodge Challenger es un ícono de los llamados Muscle Cars, poderosos autos deportivos fabricados durante la época dorada de la industria automotriz de Detroit. Durante los 60 no había mucha preocupación sobre el consumo de combustibles, el objetivo era desarrollar los más grandes motores para mover esas poderosas maquinas, la eficiencia no era un punto a tomar en cuenta. En la década de los 70 la crisis del petróleo pegó fuerte a las industrias de Detroit y permitió la fuerte penetración en el mercado de los japoneses y sus económicos vehículos compactos.
Entonces, ¿Qué tiene que ver un Dodge Challenger con el Apóstol Pablo? Creo que muchos esfuerzos misioneros contemporáneos funcionan como los Muscle Cars americanos: Muy Grandes, Consumen muchos recursos, muy poco eficientes. Delante de ellos el ministerio de Pablo sería como una bicicleta: Portátil, pequeña, económica y fácilmente sostenible.
La excusa numero uno de cualquier congregación para no sembrar nuevas iglesias es que consumen muchos recursos, pero en el siglo primero esa no era una limitante. Si no hubiera tenido encima una persecución tan fuerte, Pablo con facilidad hubiera sembrado de iglesias todo el mundo conocido, pues con lo que nosotros invertimos sembrando una él plantaba quinientas nuevas congregaciones.
Creo que la mejor manera de extender el reino es sembrar nuevas iglesias, y para hacerlo, debemos aprender de los japoneses abandonando el ejemplo americano. Paradójicamente, la estrategia celular, una herramienta poderosa para alcanzar este propósito, también nos vino de Asia.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.