Hay muchas maneras de establecer el reino de Cristo en medio nuestro, de todas, las menos conveniente es la política. En los Estados Unidos, nación fundada sobre valores esencialmente cristianos, tienen la derecha religiosa. Para estos, la mejor forma de extender la cultura y cosmovisión cristiana es haciendo leyes y lobby. Las relaciones mueven montañas, si puedo mantener por la fuerza los valores cristianos en mi país con hacer tres llamadas a mis amigos políticos estaré estableciendo el reino.
Esta forma de ver la gran comisión es contraria a la visión de Cristo, quien nunca intentó establecer un reino que no es de este mundo utilizando las mismas herramientas que sus gobernantes. Un titular anunciando que Bush (quizás el mayor representante de la derecha cristiana) firma una ley para proteger los fetos o una enmienda constitucional para frenar la homosexualidad no hace más que demostrar que la cristiandad americana no fue fiel a su llamado y se sentó a esperar a que sus amigos cumplan su ministerio moviendo las fichas correctas.
Si la comosvisión cristiana necesitara a cada momento del empujón político para mantenerse en pie habremos abrazado la más floja de las causas. No se tienen que hacer mil leyes o musarañas para demostrar principios que se suponen correctos. Si de verdad queremos establecer el reino no es necesario subir hasta el gobierno para impulsar reformas, debemos ir abajo, donde está la gente a estimular el cambio.
He conocido por lo menos dos proyectos políticos cristianos en mi país, ninguno de ellos ha progresado, y me atrevería a decir que han hecho más daño que bien a la causa de Cristo. Cierta vez, llegó un político cristiano a visitar el pastor de un pueblo en donde estuve de visita. Se desmontó de su lujoso vehículo con las manos llenas de afiches y calendarios. Nos repartió paquetes de ellos a tres jóvenes y nos motivó a ir casa por casa promoviendo su proyecto. Eran calendarios muy bonitos, una paloma, el nombre el partido y la foto del candidato. ¿Acaso es esto establecer el reino? ¿Es este el ideal cristiano? Sería un iluso si pusiera mis esperanzas de cumplir la gran comisión en ir casa por casa promoviendo un candidato o partido político.
Recuerdo una expresión de Benito Juárez que cita James Crane en el Sermón eficaz: “Todo lo que México no haga por sí mismo para ser libre, no debe esperar ni conviene que espere, que otros individuos u otras naciones hagan por él”.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.