He escuchado buenos y malos comentarios sobre la Asociación de iglesias de La Viña, pero sus contenidos para plantadores de iglesias me han sido muy útiles. Estoy leyendo en este momento Entrenando Sembradores de Iglesias, un manual para sembradores de iglesias y los que les entrenan pero que también puede ser útil para cualquier maestro o creyente interesado en el discipulado. Viene en la misma línea que el libro Sembremos iglesias saludables, muchas experiencias de primera mano, que es lo que más me gusta.
Dije una vez que la confianza es importante, y leyendo el capitulo dos encontré esta cita de Steve Nicholson:
Una de las cosas más poderosas en tu relación con el sembrador es que él sienta que crees en él. Eso es algo más allá de alguna técnica. Simplemente es algo dentro de ti. Si crees en él y en su potencial, él lo sabe, lo siente. Le ayuda tener confianza, crecer y tener el valor para intentar las cosas que no haría de otra manera. Por eso yo trato de entrenar a personas en quién creo. Si me toca alguien en quien no creo, tal vez tenga que sugerir que consideren otra opción para su vocación, o buscar otra dirección. O tengo que dirigirles a alguien que sí cree en él. Pero si yo no creo sinceramente en él, no me mantengo en ese tipo de relación. Pienso que está mal para mí y mal para él.
Pueden leer el libro. (En formato PDF)
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.