Ayer entramos en la etapa final de preparación para la EBDV (Escuela Bíblica de Verano), el evento para niños que celebramos anualmente en muchas iglesias del país. Los pendientes se han ido acumulando y el tiempo se va haciendo corto. Adicional a esto, estoy preparando cuatro temas para un campamento, por lo que no me quedará mucho tiempo en la semana para escribir los acostumbrados artículos. Les agradeceré su oración.
Les dejo la introducción al tema de este año: 10 ojeadas en el espejo de Dios:
¿A quien ves reflejado cuando tú miras en un espejo? Te ves a ti mismo ¿Verdad? Tú te ves como estás; con ceño o con sonrisa, con la cara limpia ó sucia. Tú ves si tus cabellos están bien arreglados o están desordenados. La palabra de Dios es como un espejo. Cuando la leemos o la oímos aprendemos acerca de hombres, mujeres y niños que vivían en los días antiguos; aprendemos acerca de lo que vivían o y hacían. Y, como ellos son muy semejantes a nosotros nos vemos a nosotros mismos reflejados en sus hechos y dichos.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.