Ayudando desde adentro
Ayer estuve reunido con un hermano que quería compartir conmigo las ideas que tiene para un proyecto que Dios ha puesto en su corazón, no adelantaré completamente de que se trata, pero tiene que ver con ayuda social y la extensión del reino. Un proyecto amplio y complejo pero que puede dar mucho fruto para la gloria de Dios.
Confieso que mi sorpresa fue grande al ver un hermano dominicano como yo con ideas de esas dimensiones, pues la cultura de iglesia que por aquí se maneja es la dependencia total para el funcionamiento de los ministerios de ayuda social. Tuvimos reunidos por más de una hora y me llené de gozo al escucharlo transmitir sus ideas con la pasión con que solo pueden hacerlo las personas que tienen un sueño. Da gusto reunirse con personas soñadoras, gente que puede mostrar en sus ojos el brillo de un niño emocionado cuando habla de los intereses del reino.
Lo que más me llamó la atención es que el hermano pretende desarrollar su visión con respaldo totalmente dominicano, por lo menos en la primera etapa. Las iglesias de esta parte del mundo fueron edificadas en una malacostumbre de dependencia que solo espera recibir, y nunca se esfuerza en dar. No es un asunto casual, viajando hacia atrás en nuestra historia encontraremos misioneros y sembradores que lo trajeron todo, desde los bancos hasta el equipo de sonido, si una iglesia necesitaba solo había que tocar las puertas para quedar deslumbrada ante un despliegue de ayuda que a la larga afectaría su desempeño. Hoy, si hablas con cualquiera de un proyecto de ayuda te señalará hacia el norte.
Gene Edwards es un gran crítico de las misiones americanas, en su libro la americanización de la cristiandad relata con lujo de detalles la forma en que funcionan sus instituciones y su falta de sensibilidad cultural. He visto fotos de misioneros norteamericanos en África, lugares donde sus habitantes no saben leer ni escribir, predicando con datashow. Cualquier compueblano humilde sería atraído a la iglesia con esfuerzos de ese tipo, el inconveniente está en que esos modelos no son sostenibles a través del tiempo. Lo mismo pasa con los obreros, en las misiones tradicionales prevalece la idea de obreros mantenidos desde fuera, acomodados de tal manera que son sacados del contexto en que desarrollará su ministerio.
Cuando Cristo ordenó a sus discípulos alimentar una multitud de personas hambrientas sabía que no contaban con los recursos para hacerlo, pero les desafió a alimentarlos. Esfuerzos como estos parecen imposibles, pero son oportunidades que Dios usa para desarrollar nuestra fe. Estoy convencido de que con los pocos panes y peces que podamos conseguir entre el puedo dominicano podremos alimentar la multitud, siempre que los pongamos en las manos de Dios. Dijo alguien: “Al trabajo de Dios, hecho a la manera de Dios nunca le faltará el dinero de Dios”.
Puedes seguirnos en Twitter (@PezMundial) / FaceBook.


Amen. Pueden contar conmigo.
Deja tu comentario!