En la página de Editorial Clie conseguí leer algo sobre su fundador, el hermano Samuel Vila. Es muchas ocasiones, el llamado de Dios en la vida de un hombre se hace notorio desde su temprana edad, aunque se va haciendo más palpable a través de los años. Esto se ve reflejado en la vida de este siervo:
Al comenzar el siglo XX, el heredero de la familia, un niño llamado Samuel, educado en la Iglesia Metodista local, bajo los principios de la nueva fe adoptada por sus padres y abuelos, recibió como premio por su aplicación en las clases de Escuela Dominical una pequeña imprenta de juguete con tipos movibles de caucho. Motivado por sus impulsos evangelizadores dentro de su espíritu infantil, empezó con su flamante “imprenta” a componer versículos de la Biblia y a imprimirlos sobre recortes de papel, que luego tiraba por la ventanilla del tren en sus viajes a Barcelona, para que así todo aquel que los encontrara tuviera noticia de la verdad del Evangelio.Es interesante la historia de cómo nació en él la idea de iniciar la que es hoy la editora de literatura cristiana en español más grande del mundo, con más de 2,500 libros publicados:
A los 26 años, escribió su primer libro, A las fuentes del Cristianismo, en el que demostraba las diferencias entre las doctrinas de la iglesia Católica y las de las Iglesias Evangélicas. A éste siguieron otros libros de apologética y teología natural: La religión al alcance del pueblo, Fe y razón, Pruebas tangibles de la existencia de Dios. Hasta 52 títulos sobre los más diversos temas, que salieron de su pluma y vieron la luz a lo largo de su vida de escritor En 1924, Editorial SINTES de Barcelona, que hizo la primera edición de A las Fuentes del Cristianismo, decidió no seguir publicándolo, y el ya pastor Samuel Vila tomó la determinación de fundar su propia editorial, a la que puso por nombre CLIE (Comité de Literatura para las Iglesias Evangélicas).También es de notar, su valentía al distribuir de manera ilegal y clandestina literatura cristiana en tiempos cuando esto era una práctica condenada:
Al finalizar la Guerra Civil española, el trabajo y el desarrollo de CLIE durante los años de la dictadura se hizo muy duro y difícil. La literatura evangélica estaba totalmente prohibida y las ediciones clandestinas que se hacían eran perseguidas y confiscadas por la policía. Pero con la ayuda de impresores amigos, CLIE continuó imprimiendo libros y distribuyéndolos clandestinamente a través de las iglesias, y almacenándolos en depósitos escondidos en casas particulares.El hermano Samuel Vila también desarrollo una gran labor pastoral y sirvió a la causa de Cristo desde muchas instituciones. Dedicó la última parte de su vida a fundar iglesias independientes. Sin duda, un héroe de la fe.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.