La gran cola
En octubre del 2004 la revista Wired News publicó un artículo revolucionario de Chris Anderson titulado en inglés The Long Tail (La larga cola). El argumento principal era que la concentración de ventas para unos pocos bienes no eran la forma natural, sino, el un resultado de un modelo de distribución física limitado reinante hasta hace poco.
Los ejemplos que utilizó el autor para demostrar sus teorías fueron empresas de la era de Internet como Amazon (libros), Netflix (DVDs) y Rhapsody (música de pago). Amazon, por ejemplo, dispone de un inventario casi ilimitado de libros sobre cualquier tema imaginable. Aunque es cierto que Harry Potter es un exitazo de ventas y los pedidos de esta serie se amontonan antes de que las cajas lleguen al almacén, también existen otros libros que no venden tanto como los de J.K. Rowling pero que juntos, forman una gran cola mucho más grande que cualquiera de los éxitos de venta. La teoría es que la gran cola que viene detrás es mucho más grande que la cabeza.
John Perry Barlow demuestra en su ensayo La economía de la mente en la red global que gran parte de los argumentos de los defensores de los modelos restrictivos o de escasez son sacados de la era industrial. Estos razonamientos anticuados fueron tan fuertes que atravesaron el siglo 20 y pretenden mantenerse todavía en el silo 21. Es aquí donde entra el asunto que nos interesa y la razón por la cual creo que se abre una gran brecha de oportunidad para la cultura cristiana.
En gran medida las casas del libro cristiano, las disqueras y las librerías que distribuyen sus “mercancías” mantienen un inventario bastante limitado con relación a la cantidad de contenidos que producen los autores. Este modelo es necesario debido a la limitante física y las conveniencias del mercado. Para que un libro sea publicado, aparte del debido análisis de la calidad de sus contenidos que (esperamos) haga el editor, debe contar con los elementos necesarios para que sea bien vendido. Escribo arriba la palabra “Esperamos” entre corchetes intencionalmente, pues tomando en cuenta lo ultimito que se viene publicando, al parecer la calidad no está siendo el criterio de más peso a la hora de lanzar un libro. El mercado exige contenidos atractivos para mantener movimiento en los estanques y volver a repetir el ciclo.
Sospecho, por la manera en que viene caminando el elefante, que si la calidad se convierte en el único criterio para publicar contenidos, como hubiera sido en el siglo primero, más de una casa editorial o disquera cristiana estuvieran hace tiempo fuera del negocio. Las profecías de Elías no hubieran sido bestseller en su tiempo, pero aún así era sumamente importante que las mismas sean entregadas al pueblo. Elías hubiera tenido muy poco chance para captar la atención de una editorial, o competir con Harry Potter, ese tipo de contenidos no es atractivo para el publico, no es rentable comercialmente.
Es imposible mantener en los estanque de las librerías la totalidad de la cultura que crea la iglesia de Cristo cada día que permanece en la tierra. Hace un tiempo, caminando por los pasillos de una librería cristiana me topé con varias cajas llenas de libros desordenados y cubiertos de polvo. Le pregunté al hermano que atiende el negocio y me dijo que estaban cambiando el inventario y remataban esos libros para hacer espacio. Para mi sorpresa, pude comprar a precio de de vaca muerta algunos de los mejores libros que he leído en mi vida. La calidad en sus contenidos supera con creces la mayoría de los más vendidos, esos que están a la entrada del establecimiento y son anunciados en revistas. ¿Cuantas historias, testimonios, canciones o mensajes dejan de existir porque carecen de los elementos necesarios para sobrevivir en el mercado? Conozco muchos cantantes para los cuales no hay lugar en las estanterías de los distribuidores, sus canciones tienen buenos contenidos, quizás más sólidos que mucha de la música más vendida, pero como no puede estar en la cabeza en las listas de ventas tiene que pertenecer a la gran cola y permanecer en el olvido.
Para los empresarios, con sus paradigmas del siglo 19, esos contenidos carecen de interés, pero pueden ser herramientas poderosas para la causa de Cristo y el cumplimiento de la gran comisión. Entiendo que es difícil cambiar los hábitos de un elefante. Aunque las industrias que tienen la cultura cristiana almacenada en grandes tanques no quieran abrir la llave, existe una gran cola de contenidos cuyos autores son más abiertos. Si los escritores, cantantes y otros creadores de contenidos cristianos ponen esos recursos en la red con licencias más flexibles que el limitante copyright podremos utilizar la gran cola para extender el reino y glorificar a Dios.
Hace unas semanas, Barlow terminó su participación en las conferencias de Copyfight con las siguientes palabras: “Toma todo aquello que amas, digitalízalo, y ponlo en la Red”.
Puedes seguirnos en Twitter (@PezMundial) / FaceBook.


Deja tu comentario!