No se sorprenda al encontrar detrás de cualquier CD de adoración o en la primera página de un libro cristiano, sin tomar en cuenta de que libro se trate, la expresión que les dejo más abajo. Si alguno consigue algún libro comprando en una librería recientemente que no la tenga, o por lo menos una expresión similar, le agradeceré hacermelo saber, pues he ojeado varios sin encontrar ninguno.
Queda prohibida la reproducción o transmisión total o parcial por cualquier medio, electrónico o mecánico, incluido fotocopiado, grabación en audio o sistemas de computación sin el permiso escrito el editor.
Las industrias de contenidos viven en gran parte por la economía de la escasez. Existen bienes que son extremadamente abundantes, y por su naturaleza es imposible industrializarlos para ser vendidos. Ningún empresario en su sano juicio desearía estar en el negocio de la venta aire o el fuego, pues son recursos tan asequibles para todos que sería imposible venderlos.
Hace algunos años el azúcar escaseó en Azua, pueblo donde viví en mi niñez. Endulzar un jugo se convirtió en un privilegio no disponible para todos. El precio de tan escaso producto llegó a las nubes, pues todos querían azúcar y los distribuidores que tenían reservas la almacenaban por sacos para luego vender de poco en poco. Recuerdo las filas que se hacían por las ventanas de los colmados, pues era la única forma de vender sin que se arme una turba. Nadie podía aspirar a mucho, se vendía en bolsas pequeñas, pues había que racional el anhelado producto para abastecer la demanda y mantener la necesidad.
Aunque en un principio la escasez era real, cuando aumentó la producción los dueños de almacenes empezaron a acapararla. Estaban tan acostumbrados a vender azúcar a precio de oro molido que no podían desacostumbrarse y volver a vender al precio real. Fue necesario que intervengan las autoridades para que tomarse un jugo o prepararse un dulce dejara de ser un lujo. Cuando los fiscales abrían las puertas de almacenes de par en par aparecían los cientos de sacos almacenados que no permitían que el precio disminuya, con ellos, aparecía nuevamente en público el dueño del negocio, ahora con los bolsillos llenos. Hacia meses que no le veíamos la cara, pues por la rejilla de una ventana solo se podía escuchar su voz.
Por medio de las leyes se mantienen aceitados los engranajes de las industrias. El objetivo es limitar la propagación de tan preciados recursos, pues aunque sería de gran bendición que el pueblo entero disfrutara de ellos a gran escala, sin pagar altos precios ni conseguir una pequeña porción, es necesario mantener el elefante caminando.
Hoy es posible distribuir contenidos cristianos a muy bajo costo, utilizando nuevas tecnologías, pero si las industrias que tienen grandes sacos de contenidos archivados y racionalizados no los liberan con licencias más flexibles y a un menor precio, estaremos desperdiciando esta gran oportunidad para el cumplimiento de la gran comisión. Años atrás, no todos los pastores podían tener en sus casas buenas bibliotecas, comprar esos objetos llamados libros era tan caro que no podían permitirse ese lujo. Ahora es posible que cualquiera tenga acceso a comentarios bíblicos, diccionarios y varias versiones de la Biblia si no de forma gratuita, a precios extremadamente bajos. Los nuevos sistemas de información son mucho más rápidos que años atrás y sumamente asequibles.
Parecería un sueño la oportunidad que se abre hoy ante nosotros para desarrollar mejor nuestros ministerios y cumplir la gran comisión, pero hay algo que nos limita impidiendo que este sueño se convierta en realidad. Por medio del copyright se mantiene la economía de la escasez y, aunque es posible disponer en tiempo real de casi toda la cultura cristiana que se ha producido a través de los años, estas pesadas leyes nos limitan para favorecer la minoría. No creo que las autoridades tengan que intervenir para que los acaparadores tomen conciencia, necesitamos cumplir la gran comisión. Siempre que hablo de estas cosas aparece alguien diciendo que “Digno es el obrero de su salario” pero no toman en cuenta el versículo completo, pues antes de eso dice algo más, que para los fines también es importante: “No le pondrás bazar al buey que trilla”.