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El motín del té cristiano

Rafael Pérez 18 July 2005 : 8:21 pm 890 Lecturas

TuberiasSi continúan en su afán de llamar piratas o ladrones a sus hermanos, los industriales del libro y la música cristiana pueden verse en aprietos en un futuro cercano. Aparte del conflicto ético que representa restringir el acceso a nuestra cultura cristiana para vender más, y el creciente problema de trabajar de espaldas a “sus clientes”, su falta de desprendimiento puede dar lugar a algo muy parecido a lo que ocurrió en Boston hace muchos años.

Dice la Biblia que Dios utiliza vasijas de barro para servir al pueblo el precioso tesoro de su revelación. Estas vasijas de barro se presentan en formas diferentes, pudiendo ser desde maestros hasta cantantes. Tiempo atrás, era muy difícil almacenar esta preciosa revelación en algo que no sean los mismos hombres. Dios vertía su palabra sobre el profeta, quien a la vez vaciaba, literalmente, esta revelación sobre el pueblo. También podía inspirar al salmista para componer alegres cantos, este los entregaría al pueblo guiándole en la adoración.

Hasta aquí todo bien, un sistema simple y funcional. Por un lado Dios hablaba y utilizando una simple vasija se revelaba a su puedo para instruir, corregir o dar aliento. Este fue el proceso utilizado en todo el antiguo testamento y durante los primeros siglos del la historia de la iglesia. Es cierto que en ese tiempo se almacenó el precioso tesoro en otros objetos, diferentes a las vasijas originales, como papiros, piedras o pergaminos; pero siempre Dios llenó primero una vasija y luego el contenido fue pasado a otro medio para su distribución.

En la antigüedad, los profetas tenían una pesada tarea, pues aparte de recibir la revelación de Dios tenían que ir personalmente a vaciar su contenido ante el pueblo. Esto era complicado y peligroso, pues distinto a nuestros días, cuando casi todo lo que se escribe y entrega tiene lindas palabras, profetas como Samuel o Elías, cargaron en sus hombros la difícil encomienda de llevar profecías no gratas a un pueblo rebelde, arriesgando su propia vida para vaciar sobre otros aquello enviado por Dios.

Ningún profeta de la antigüedad creyó suyo el contenido servido a través de ellos, antes bien, entendieron su función de vasijas o medio de trasporte para entregar el contenido que pertenecía a los destinatarios más que a ellos mismos. Ninguno cobró por entregar el mensaje, pues nadie estaba dispuesto a pagar profecías de destrucción. Habían algunos como Balaam, que cobraban por declarar buenos augurios, pero los verdaderos profetas cumplieron humildemente su tarea confiando en que su recompensa vendría de Dios.

Recuerden las partes que intervenían inicialmente en el proceso, dos partes principales (Dios y su pueblo) y un intermediario (el profeta). Pasado el tiempo, el asunto fue cambiando, aquellos que antes entregaron el agua que salta para la vida eterna se pusieron en contacto con los intermediarios que industrializaron el asunto. En vez de pasar el agua al pueblo directamente de viaje en viaje, comenzaron a almacenarla en grandes tanques, quizás pensando hacer así una mejor distribución. El objetivo no era vender, sino llevar agua a los confines de la tierra.

Hoy las editoriales y disqueras cristianas funcionan como tanques de almacenamiento, donde las vasijas pueden verter su contenido esperando que llegue al pueblo de una forma más efectiva. Mantener tanques, tuberías y el personal administrativo tiene un alto costo, por lo que es justificado que se cobré una pequeña cantidad de dinero para transportar el agua, esto, bajo el riesgo de cerrar la llave al que no pagué. Recordemos nuevamente que el contenido que reposa en esos tanques nunca fue propiedad de las vasijas, mucho menos de los intermediarios industrializados. Y es aquí donde la historia comienza a parecerse a lo sucedido en Boston, durante el Motín del té.

Después de la guerra de Inglaterra contra Francia, la corona quiso imponer a las colonias en Norte América nuevos impuestos para financiar el alto costo de sus operaciones militares. En 1773 Inglaterra aprobó la “ley del té” beneficiando la Compañía Británica de las Indias Orientales, salvándola así de la banca rota. Sin embargo, los colonos se negaron a comprar el té británico pues consideraban esto una violación a sus derechos, pues veían en esta compañía la intención de monopolizar el comercio del té.

El asunto terminó en un motín donde se calcula que entre 60 y 150 personas disfrazadas asaltaron tres barcos de la corona, rompiendo los contenedores y derramando su contenido sobre el mar. Las nuevas tecnologías han abierto una gran tubería para llevar agua de vida directamente al pueblo a un costo casi nulo. Si los dueños de los barcos se niegan a abril las llaves, el pueblo asaltara sus industrias bajando música de Internet, copiando CDS, y fotocopiando libros más que nunca. A fin de cuentas, tenemos que recordar que el contenido guardado en esos grandes tanques pertenece al pueblo, y si de verdad fue enviado por Dios para ellos, están en su derecho.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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