Aparte de la facilidad con que se puede hoy copiar y redistribuir contenidos a un costo casi cero y en tiempo real, hay otras buenas razones por las cuales los derechos sobre propiedad intelectual, especialmente ese tipo de propiedad que tiene que ver con el evangelio, tarde o temprano tendrán que ser flexibilizados. Quiero listar por lo menos una de ellas: el deseo de conocer.
El instinto de aprendizaje fomenta el acceso a nuestra cultura, por cualquier medio. Dios puso en nosotros una curiosidad natural, antes, podía ser satisfecha adquiriendo libros o comprando música, pero hoy es mucho más cómodo copiar que comprar. La propiedad que antes debía ser pagada está ante nosotros a solo una decisión de distancia. No valen argumentos flacos para frenar los fuertes instintos de los hombres. Dice Peter Senge en uno de sus libros que “el instinto de aprendizaje es más fuerte que el instinto sexual, inicia más temprano y termina más tarde”.
La copia clandestina de material prohibido, como la Biblia, fue de mucha bendición durante la persecución en la China comunista. Los hermanos transcribían pequeñas porciones en papel o cualquier otro material posible y las pasaban de mano en mano. Imagino la felicidad de un creyente perseguido al toparse con una porción transcrita de los evangelios. De por sí, ya tenían mucho con la persecución del gobierno para intentar perseguirlos en los tribunales por hacer copias ilegales. Ellos merecen ser llamaros héroes de la fe al arriesgar sus vidas pirateando la Biblia en tiempos peligrosos.
El gobierno expulsó a los misioneros y prohibió la distribución de Biblias, pero el deseo de conocer la verdad era más fuerte que el temor. Años después, la proporción en crecimiento de la iglesia en China es mucho mayor que en otros lugares del mundo donde hay libertar de culto. No importan los argumentos, un pueblo sediento seguirá copiando aunque sea perseguido.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.