Veo en algunos de mis hermanos la ilusión de que estarán en este planeta para siempre. Sino, como me explican la cantidad de causas que quieren abrazar en tan corto tiempo. El abanico de causas posibles es variopinto: El calentamiento global, la guerra, el hambre en África, la corrupción estatal o el maltrato a los animales.
Viene a mi mente la campaña radial que mantiene el Voluntariado Nacional para la Prevención de la Corrupción, organización dirigida por el pastor Braulio Portes. Su eslogan es: Por una nación decente. Aparecen distintas situaciones donde las personas pueden actuar de forma corrupta y no lo hacen, cuando les preguntan la razón de su manera de actuar diferente, ellos responden: Porque he decidido formar parte de una nación decente. Es loable el esfuerzo de los hermanos, sin duda Dios sabrá recompensarles, pero el asunto me parece similar a decir: ¡Hagamos el amor, no la guerra!
No se si será reacción al cambio, pero gusto mucho de nuestros viejos esfuerzos, organizaciones como el Club 700 hacen por lo menos una presentación del cuadro completo. En vez de presentar un hombre levantándose de su cama decidido a cambiar su manera de actuar así nada más, enseñan gente impactada por el evangelio de Cristo y regeneradas hasta cambiar su manera de vivir. Un cambio interno manifestado externamente.
No seamos ilusos, el mundo no cambiará porque le digamos que cambie, promover un cambio en la manera de vivir sin cambiar la manera de pensar es como intentar soplar bien fuerte para apagar el sol. No podemos seguir andando por las ramas, la raíz de todos los problemas es el pecado, y ninguna causa que aspire a enfrentarlos puede lograr un impacto significativo sin promover un verdadero arrepentimiento.
La motivación de este post, es que leí hoy un informe de la BBC sobre un nuevo grupo cristiano, “los evangélicos verdes” que defienden otra buena causa, la ecología:
El ambientalismo es tan viejo como la Biblia. En eso se basan los evangélicos “verdes”: los más recientes integrantes del movimiento ecológico, tradicionalmente integrado por grupos de filiación izquierdista o liberales.
Volviendo el asunto inicial, la vida es corta, si soy afortunado, estaré unos 15,000 días más en este planeta, no hay tiempo para invertir en causas que no tengan consecuencias eternas.