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Manejando problemas en el ministerio

Rafael Pérez 20 June 2005 : 12:45 pm 394 Lecturas

Problemas ministerialesBajando ayer de la oficina de la iglesia después de iniciar el devocional con el personal de escuela bíblica, me detuvo una maestra. Por la expresión de su cara noté que no traía buenas noticias, cuando me senté a hablar con ella pude comprobarlo. La hermana estaba disgustada porque hacía cuatro meses que no veía al superintendente de escuela bíblica motivando a los hermanos de la iglesia a asistir a las clases. Adicional a esto, le preocupada que los informes de asistencia, ofrenda y amigos en las clases no se estuvieran dando semanalmente, y lo más alarmante para ella, ¡Eran las nueve y media y su clase estaba vacía! Le acompañaba otro maestro con quien al parecer había compartido el mismo sentir y la conversación inició.

No quiero imitar al hermano Gerardo de Ávila haciendo de esto un lugar de desahogo para mis percances ministeriales (dejé de leer su libro Volvamos a la Fuente porque en un momento se convirtió en el confesionario del pastor, explicando con detalles todas sus desavenencias en años de ejercicio pastoral), cito el caso solo para llevar algunas verdades espirituales que he aprendido en los últimos años trabajando en las diferentes áreas de una iglesia y me son útiles en el ministerio.

Regularmente el motivo de una queja depende de otras causas no comunicadas, esas causas deben ser leídas entre líneas. La hermana tenía razón en que sus miembros no habían llegado, pero tampoco yo me sentí en el compromiso de darle una respuesta. Creo que el origen de su disgusto se desprendía de causas mayores. El mes pasado realizamos un encuentro en nuestra iglesia donde aceptaron al Cristo más de 60 personas. Realmente he invertido últimamente la mayor parte de mi tiempo en ayudarlos a ellos organizando procesos de consolidación y talleres, pues considero esa mi responsabilidad, primero como creyente y después como responsable del ministerio de escuela bíblica. Gran parte de los asistentes a nuestras clases son nuevos creyentes, mirando alrededor vi otra clase llena de ellos y me dio gran satisfacción.

Tal vez la maestra considera injusto “descuidar” a los miembros tradicionales de nuestras clases para atender a los nuevos, pero creo que una de las causas por lo que nuestras iglesias no crecen es que quemamos toda nuestra energía en cargar literalmente niños de catorce, veinte y hasta cuarenta años en la fe, ellos se acostumbraron a ser cargados y ahora no quieren usar sus pies. Ese es uno de mis principios ministeriales: Puedo motivar un hombre de 40 años a moverse, pero no puedo cargarlo.

La mejor manera de evitar confusiones es no pretender ser lo que no somos. Tenemos una herencia ministerial de líderes fuertes que hicieron en amor todo lo que estuvo a su alcance y algo más para satisfacer las necesidades del pueblo, lamentablemente no lo lograron, pero esa imagen quedó marcada en más de una generación de creyentes. Si en la iglesia hay un problema, en la mayoria de los casos el más indicado para resolverlo no es el líder. Siempre bromeo con los hermanos diciéndoles que nos acostumbraron a conjugar el verbo me: prediquen-me, visiten-me, canten-me, cuiden-me. Si falta agua en los bebederos, si los abanicos no están encendidos, si la iglesia no se abrió temprano, busquen al líder superpoderoso, el con su varita mágica resolverá el problema. Una madre viene donde mí a decirme que no se concentra en el culto por la bulla de los niños, pero cuando vamos al patio tres de los suyos están jugando a los Power Ranger con otro amiguito.

Es sorprendente el bajo nivel de involucramiento de nuestros miembros, pero ellos mismos no son responsables de esa conducta, fueron formados así y así actúan. Lo mejor que puedo hacer para no morir en el intento de servir es dar respuestas donde los afectados sean parte directa de la solución. Este es otro principio que me ha sido útil: Si un hermano no está dispuesto en invertir de su tiempo en el problema que le afecta, yo tampoco. Lamentablemente la hermana quería quejarse sin participar, y el asunto murió donde mismo inició. Quizás el próximo domingo su clase esté llena, pero ahora mismo no puedo hacer nada para cambiar su situación.

Casi todas las quejas del pueblo hacia los lideres de desprenden de globalizar casos particulares. Que una hermana tenga problemas con la asistencia de sus alumnos no quiere decir que el ministerio esté quebrado. Aprendí hace mucho que la mejor manera de mantenerme motivado es ver el gran cuadro. Inmediatamente terminó la conversación con la hermana subí de nuevo a la oficina a ver los informes pasados, Dios está haciendo en este momento un milagro en nuestro ministerio, las clases están llenas de amigos, nuevos creyentes y hasta miembros que no asistían. Paralelo a esto, un problema de asistencia a una clase no es mi responsabilidad, sino de ella.

La mayoría de los problemas actuales de nuestras iglesias dependen de causas mucho más grandes, complicadas y antiguas que lo que está ante nuestros ojos. Se que estaré en este ministerio por un tiempo, por lo que no puedo concentrarme en soluciones temporales. Podía complacer a la hermana diciéndole que el próximo domingo estaría en el pulpito llamando el pueblo a asistir, pero eso ya lo hice en otro tiempo y lo vienen haciendo otros hermanos durante años. Son círculos viciosos de presión, mucha asistencia, poca asistencia. Lo mismo se repite infinitas veces hasta el cansancio. Como lideres, no podemos engañarnos a nosotros mismos entregando soluciones temporales y mediocres solo por complacer a otros o conseguir logros temporales para aumentar el ego. Cuando hablo con los que no asisten encuentro problemas mucho más grandes, asuntos que no pueden ser resueltos con un simple anuncio de presión.

Problemas como métodos de enseñanzas ineficientes, maestros poco amorosos, temas generales que no me son útiles en el día a día y generaciones completas acostumbradas a ser cargadas no se resuelven con sonar los dedos. Esos problemas estaban aquí antes que yo llegara, muchos de ellos estarán todavía cuando yo me vaya, concentrarme en solucionarlos para un mes, o un año no cambiará la situación a largo plazo. Este es otro principio que practico: No quiero gastar mi tiempo dando soluciones temporales a todos los problemas, deseo hacer mi mejor esfuerzo en combatir algunos, y esperar en Dios que Él traiga otros para combatir los demás.

Los maestros, sus alumnos y sus clases estarán involucrados directamente en el ministerio de escuela bíblica mucho más tiempo que yo, todos ellos están en mejor posición que yo de resolver los problemas que les están afectando desde hace años. Juntos y con la ayuda de Dios podemos resolver algunos, pero uno a la vez y bien resueltos.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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