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La oración de Jabes

Rafael Pérez 27 June 2005 : 4:14 pm 1,698 Lecturas

Charles SpurgeonHace un tiempo leí un pequeño libro escrito por Bruce Wilkinson titulado La oración de Jabes, el cual estuvo durante meses encabezando la lista de libros más vendidos en Estados Unidos. Realmente tengo mis reservas con el libro, contrario a Secretos de la Vid, otro de los éxitos del mismo autor, la oración de Jabes me dejó mucho que desear

El motivo de esta reseña tardía a la obra de Wilkinson, es que Carlos Spurgeon predicó el siglo pasado un sermón de la misma oración pero mucho más fructífero desde mi punto de vista. Explica el concepto de la verdadera bendición desde un punto de vista menos comercial, pero más profundo.

Les dejo una porción del sermón de Spurgeon:

Igualmente, también, en lo que respecta a nuestro trabajo y servicio, creo que nuestra oración debería ser siempre, “¡Oh, si en verdad me bendijeras!” Es lamentable ver el trabajo de algunos buenos hombres, aunque no está en nosotros juzgarlos. Cuán pretencioso, pero cuán poco real es. Es realmente chocante pensar cómo algunos hombres pretenden construir una Iglesia en el curso de dos o tres noches. Reportarán en una sección de los periódicos que hubo cuarenta y tres personas convictas de pecado, y cuarenta y seis justificadas, y algunas veces treinta y ocho santificadas. No sé qué dan, además de estadísticas maravillosas, para todo lo que es realizado.

He observado congregaciones que han sido reunidas velozmente y grandes adiciones se han hecho de repente a la iglesia. ¿Y qué ha sido de ellas? ¿Dónde están esas iglesias en el momento presente? Los desiertos más lúgubres de la cristiandad son aquellos lugares que fueron fertilizados por el estiércol ostensible de ciertos avivamientos falsos. Toda la iglesia pareció haber gastado su fuerza en un arrebato y en un esfuerzo por buscar algo y terminó en nada. Construyeron su casa de madera y apilaron el heno, e hicieron una pila de rastrojos que parecía alcanzar los cielos, y entonces cayó una chispa, y todo se fue en humo. Y el que vino a laborar la siguiente ocasión, el sucesor del gran constructor, tuvo que hacer que se barrieran las cenizas antes de que él pudiera hacer algo bueno.

Pueden leerlo completo.