Jesús dijo:
Si alguno me sirve, sígame.
Juan 12:26
Es importante que dejemos participar a los no creyentes en trabajos ministeriales, esto puede ser una tremenda oportunidad de alcance. A ellos les gusta hacer buenas obras, y mientras las desarrollan llevando una misión de ayuda o actividad social con la iglesia pueden ser tocados a seguir a Jesús.
El mismo Cristo cuando hizo su entrada triunfar en Jerusalén fue recibido por una multitud que le servía poniendo palmas en el suelo reverentemente, pero no le seguía. El aprovechó esa oportunidad para hacer un llamado a seguirle.
A veces tendemos a espiritualizar más de lo correcto los trabajos ministeriales, sería una falta mayor si un no creyente toca un instrumento o algún utensilio de nuestro hermoso templo. Jesús fue mucho más flexible que nosotros, nunca rechazó una palma, permitió que se le diera la reverencia, acepto su servicio y después hizo el llamado.
No debemos confundir hacer buenas obras con alcanzar la salvación o ser parte de la iglesia. Algunos piensan que llegarán al cielo porque sirvan a Jesús, él dejó el asunto claro desde el principio, no basta con servirme, es necesario que me sigan. Lo mismo pasa con los creyentes, pero a la inversa. Algunos somos seguidores, pero invertimos la mayor parte de nuestro tiempo en servirle. Dios espera ambas cosas de nosotros. Jesús dejó un ejemplo en el caso de Marta y Maria, una estaba esmerada en seguir y otra empeñada en hacer el mejor servicio, el mayor elogio fue para la seguidora.
Creo que parte de nuestro rechazo a que los nuevos creyentes participen en el servicio junto a la iglesia está en nuestra tradicional disposición a aislar el pueblo, no queremos que los creyentes participen de actividades junto con los mundanos porque pueden atraerlos. Esto es, primero un desprecio hacia las personas por las cuales murió Cristo, y segundo, elitismo.
He conocido a nuevos creyentes que la primera vez que vienen a un servicio de adoración de la iglesia lo que más desean es agarrar una guitarra, pero ahí está la hermana fulana, que si los ve les arrebata la guitarra y de ser necesario se la rompe en la cabeza, con tal de cuidar los sagrados instrumentos del templo. Ellos pueden cantar, pueden aplaudir, pero nunca tomar en sus manos una sagrada guitarra. Cristo prefería la misericordia al sacrificio, Él estaba más preocupado en la salvación del alma que tocaba el instrumento, que en la pureza de sus manos. No rechazó el perfume de la mujer por la integridad de su vida. Es cierto, por sus pecados esa mujer tendría el acceso cancelado a manifestar su reverencia ante la presencia del hijo de Dios, pero esto solo se ve así desde los ojos de los hombres, su amor fue manifiesto ante ella y no interrumpió su sacrificio.
Es necesario adorar a Dios en espíritu y en verdad. Ambas cosas son necesarias en la adoración, pero la verdad viene del oír, y en el trajín aquel no creyente que solo pone palmas en el suelo de forma reverente puede ser transformado y venir a ser un verdadero adorador.
Es muy probable que si los no creyentes se acercan a Cristo sirviendo, así mismo continúen. Está demostrado que la manera en que alguien comienza su andar en Jesús determina la manera en que seguirá haciéndolo. Creo que una de las razones por la que nuestros hermanos no son más activos en el ministerio es que matamos esa intención, atrofiamos ese impulso, ese deseo, en el momento que comenzaron su vida cristiana. Fueron sentados durante meses en un banco y ahora no saben hacer otra cosa.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.