Entre lo mejorcito que he leído últimamente está el artículo de Mateo Woodley titulado ¿Excelente pastor, mal líder? Está basado en su propio testimonio ministerial, pasando de ser un pastor solo centrado en cambiar vidas por medio de la enseñanza a un pastor que cambia vidas pero también puede mantener una visión y administrar bien la iglesia.
He visto en algunos maestros una aptitud de rechazo hacia los lideres administradores o visionarios, pero como demuestra el testimonio de este hermano, para que una ministerio sea exitoso se necesitan las dos cosas, alimentar al pueblo y administrarlo bien.
Me identifiqué pronto con el autor pues he notado en parte esa transición en mi vida, y la manera en que me doy cuenta es en mis hábitos de lectura. Recuerdo los tiempos en que invertía horas leyendo a Matthew Henry, Carlos Spurgeon o a Moody, la pasión en que podía consumir las novelas de Dostoievski o enseñanzas de predicadores contemporáneos. Mirando los últimos libros que han caído a mis manos encuentro que he consumido temas de estrategia, visión, crecimiento y gestión de proyectos. El cambio ha sido muy provechoso, pues me he visto dos campos que se complementan para alcanzar un mismo objetivo: Glorificar a Dios dando mucho fruto.