Templo, ¡Cuánto te amo! — PezMundial
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Templo, ¡Cuánto te amo!

Rafael Pérez 20 May 2005 : 4:20 pm 1,551 Lecturas

TemploNo era de extrañar que el papa León X estuviera dispuesto a sacarle al pueblo el último peso en indulgencias para construir la basílica de San Pedro. Su vida giraba alrededor del templo, su relación con Dios era mantenida por la solemne estructura y la única garantía de una devoción creciente era hacer un templo más grande.

Creo que el templo es un buen lugar para estar, pero no un lugar imprescindible. Los extremos siempre son malos, en el lado opuesto a León X están los hermanos que promueven las iglesias en las casas, para ellos, la esencia de la fe está en reformar la ortopraxia, volver al modo de vida de los antiguos, redescubrir sus formas sencillas de reuniones hogareñas, encontrando en esto el verdadero sentido de la iglesia. Si nos movemos más en la dirección del mismo argumento terminaremos reuniéndonos en las catacumbas romanas.

Las condiciones en que al día de hoy vive la iglesia nos permite reunirnos en lugares cómodos, algunos hasta con aire acondicionado central, salones de multimedia y guarderías infantiles, pero debemos ver el lugar de de reunión como lo que es, evitando que se convierta en parte esencial para nuestra fe. Nuestro Dios habita en corazones, no en templos hechos por manos de hombres.

La mayoría de los templos en que se reúne la iglesia de República Dominicana fueron construidos a costa de mucho sacrificio, hermanas vendiendo dulces, ropa y comida para colaborar con “La casa de Dios”. Nuestro deber hoy no es construir el templo, sino, edificar el reino. El reino es edificado trayendo paz, justicia social y solidaridad con el necesitado. Si fuéramos tan activos ayudando al enfermo y alimentando las viudas los lugares de reunión estuvieran llenos. La prioridad no es ampliar la casa, es participar en el crecimiento de la familia.

La diferencia más significativa entre Pablo y los judaizantes es que Pablo no estaba en el negocio de cortar prepucios, sino en el de hacer discípulos. Hasta que la iglesia de no convierta la práctica de venir al templo a sentarse en nuestros bancos en un asunto trivial, no despegará en crecimiento.

Salir de esa manera de pensar centrada en el gran templo para entrar a otra centrada en la gran comisión es difícil, pero no imposible.