Continuando la serie sobre los sueños que inicié la semana pasada, el tema de hoy es el conformismo. Ese elemento que recien agregamos a nuestra fe y no nos permite alcanzar todo lo que Dios tiene para nosotros.
La cultura cristiana debe ser abierta al descubrimiento. Conocer más de Dios y experimentar la fe más profundamente han sido nuestros ideales desde la reforma. Aquellos días oscuros donde la lectura he interpretación de la Biblia era privilegio de unos cuantos pasaron cuando un grupo de creyentes tuvo la valentía de mirar más allá de la caja saliendo de una reflexión conformista para poner sus ojos en el horizonte ideal. Lamentablemente, esto está cambiando.
Con la excusa de evitar conflictos o “dañar la iglesia” cada día se apagan nuevas voces. Esta limitación no ocurre en el terreno del descubrimiento, sino en el de la divulgación. El dialogo cristiano edificante y el contraste de opiniones entre creyentes ha sido transformado en una simple repetición de buenas afirmaciones, buenas, pero únicas.
Es injusto confundir nuestra capacidad de razonar, mucho mejor si nuestras razones parten de un corazón sincero y un punto de vista alineado al carácter de Dios, con un espíritu critico. Criticar es emitir opiniones sin ser parte del problema o parte de la solución, seamos parte de ambos.
No podemos permanecer en una aptitud conformista, es nuestro deber y para ello nos asiste el derecho, crear nuevos surcos sobre la tierra, utilizando para estos las herramientas que Dios nos ha dado. Creo que en ellos puede florecer nuestra fe.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.