Hablando de casas editoras, mencioné ayer a Editorial Clie como una de mis favoritas. Soy asiduo lector de los editoriales que publica Eliseo Vila, su presidente, en la revista Página Abierta. Me gusta su forma llana y sincera de tratar temas espinosos y muchos más cuando afectan directamente la industria a la que el representa.
Comencé hoy a leer su libro electrónico La Literatura Cristiana: ¿Negocio O Ministerio? Que pueden descargar y leer en PDF. Así lo introduce:
El tema que deseo presentar ante ustedes es difícil y espinoso, porque una de las preguntas más difíciles, entre las muchas que se ve obligado a enfrentar todo aquel que trabaja en la literatura cristiana bien sea en su producción, como editor, o en su distribución, como librero, se centra precisamente en este dilema: la literatura cristiana, ¿qué es? ¿Cómo hay que entenderla y cómo hay que tratarla? ¿Como un negocio o como un ministerio?
Y no es una pregunta superflua que podamos obviar. Es más bien una pregunta crucial, cuya respuesta no podemos eludir. Pues de ella dependen, tanto la efectividad del trabajo que realizamos, como el enfoque de nuestra actuación para llevarlo a cabo…
Muy en la línea de lo que exponía en días pasados sobre la difusión de cultura cristiana.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.