Sigo leyendo el estudio sobre la situación de la iglesia en América Latina. El asunto de los cristianos en la política ha sido tocado varias veces en este weblog. En el estudio citado hacen un balance con algunos casos específicos de experiencias vividas por creyentes en la política latinoamericana.
Creo que es un desatino pensar que un creyente por el hecho de tener cierta influencia en la comunidad cristiana esté en la posición de capitalizar esto en un proyecto político. Entiendo que podemos lograr un impacto social más significativo desde la iglesia hacia el mundo. Con el tema de la política cualquier posición radical es peligrosa, un extremo buscará llevar el poder político a la iglesia con modelos como la teología de la liberación y otro la satanizará.
Como ciudadano, como todos sus deberes y derechos, es posible que un cristiano participe en la política, pero cuando mezclamos la iglesia con el estado volvemos a los tiempos de Constantino. Esta unión muy pocas veces ha sido buena.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.