Estuve leyendo una entrevista realizada a Peter Drucker, el más influyente escritor de Management desde los años 40. Me llamó mucho la atención este comentario:
Hace años yo trabajé en una empresa de las más grandes del mundo, líder indiscutible en un amplio abanico de campos. Cada tres meses, un grupo de personas de la organización gente joven y no siempre la misma-, se sienta y observa cada uno de los elementos de la compañía, productos, servicios, procesos, políticas, siempre con la misma pregunta: ¿Si no hubiéramos hecho esto antes, iríamos por el camino correcto? Si la respuesta es no, entonces formulan una segunda pregunta, ¿qué haremos? Cada cuatro o cinco años, esa compañía ha abandonado sistemáticamente o, al menos, modificado, algún producto, proceso y, especialmente, sus servicios. Este es el secreto de su crecimiento y de su rentabilidad.
Una compañía debería ser capaz de eliminar aquello que le sobra. El cuerpo humano lo hace automáticamente. En el cuerpo existe una enorme resistencia. El abandono no es fácil y no se deberían subestimar los efectos que puede causar. Tiene un tremendo impacto en la mentalidad de la gente y de la organización.
El concepto es aplicable a la vida de la iglesia. Cuidando la verdad, debemos revisar y pulir constantemente nuestros programas y estrategias, procurando siempre obtener más fruto para la gloria de Dios. Creo que esto es lo que pretende Thomas E. Trask, superintendente general del Concilio de las Asambleas de Dios con la Visión para la Transformación.