Leí hace un buen tiempo sobre el manifiesto escrito por Billy Graham y su equipo en 1948 justo al inicio de su ministerio . Se parece mucho a las normas de integridad moral redactadas por Rick Warren para el liderazgo de su iglesia.
De cuando en cuando Cliff, Bev, Grady y yo conversábamos sobre los problemas incesantes que muchos evangelistas parecían tener, y acerca de la mala imagen que tenía la llamada evangelización en masa a los ojos de muchas personas…
Una tarde durante las reuniones en Modesto convoqué al equipo para examinar el problema. Luego les pedí que fueran a sus habitaciones por una hora y enumeraran todos los problemas en que pudieran pensar con que se encuentran los evangelistas y la evangelización.
Cuando volvieron, las listas eran notablemente parecidas, en corto tiempo tomamos una serie de resoluciones entre nosotros mismos que nos guiarían en nuestro futuro trabajo evangelístico.
Las resoluciones fueron las siguientes:
Tomado de Tal como soy, la autobiografía de Billy Graham.
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.