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El general que llegó a ser presidente

Rafael Pérez 5 May 2005 : 12:58 pm 501 Lecturas

Eisenhower En su autobiografía, Billy Graham explica como su amigo personal, el petrolero Sid Richardson, lo persuadió para que animara al general Dwight D. Eisenhower a postularse a la presidencia.

Un buen ejemplo de lo que comentaba ayer sobre los puentes para el evangelio:

A pesar de la confianza que el señor Sid tenía sobre mí, no me hacía ilusiones respecto a poder persuadir a Eisenhower a postularse. Después de todo, les había dicho a ambos partidos durante años que no estaba interesado. ¡Y yo no estaba interesado en dejarme desviar por la política!

Escribí lo mismo en una carta al Señor Sid, la cual envió a Eisenhower en Francia, donde era comandante en el Mando Supremo de las Potencias Aliadas en Europa. En la carta puse énfasis en la necesidad de que un hombre como el general llegara a ser presidente.

Me dijeron que Eisenhower le dijo al señor Sid:
– Esa fue la carta más increíble que jamás recibí. ¿Quién es ese joven?
– Se lo enviaré allá para que lo conozca – replicó el señor Sid.
Mientras tanto, la carta que me envió Eisenhower agudizó mi deseo de que llegara a ser presidente.

Cuatro meses después en Chicago, la Convención Republicana nominó al general Eisenhower con el senador Richard Nixon como su candidato a la vicepresidencia. Para mi sorpresa, vino una llamada de Frank Carlson, un senador de Kansas a quien había conocido durante nuestra campaña en Washington; me dijo que el general Eisenhower quería verme… Al parecer el senador Carlson había convencido a Eisenhower de que yo podría darle tono religioso a algunos de sus discursos de campaña.

En este momento, ya con el puente establecido, procedió a cruzarlo con el general:

Respeté su deseo de inyectar un tono espiritual en su campaña, e inevitablemente llegó el momento en que sentí la confianza para hablar con él de su propia fe.

También sentí la confianza para presentarle el evangelio y para aclarar una vez más el mensaje que había predicado. Me dijo que había acabado desilusionándose con la iglesia cuando era muy joven, ya que algunos predicadores parecieron desviarse de los puntos esenciales espirituales para ocuparse de cuestiones sólo sociales o incluso seculares.

– Francamente – dije –, no creo que el pueblo estadounidense estaría contento con un presidente que no fuera miembro de ninguna iglesia o ni siquiera asistiera a una.
– Tan pronto como termine la elección, me uniré a una iglesia – dijo –. Pero no voy a hacerlo a fin de ser electo. No quiero usar la iglesia de manera política.

Un poco largo el extracto de la autobiografía de Billy Graham, pero creo que tiene los elementos necesarios para servirlos de ejemplo en el proceso de establecer puentes para el evangelio.