Recientemente he sido testigo de un impacto significativo de las nuevas tecnologías en la iglesia. Cuando la información sobreabunda es casi imposible mostrar algo sin que el pueblo utilice sus propios medios para corroborarla y ampliarla, muy parecido a lo que hacían los bereanos cuando Pablo les enseñaba.
Muchas iglesias en República Dominicana están organizando encuentros, una de las partes de la estrategia del G12. En mi iglesia realizamos uno hace tres semanas. Es sorprendente como en poco tiempo ya teníamos una inmensa cantidad de expertos en las doctrinas del G12, el ministerio de Cesar Castellanos y la Misión Carismática Internacional. Para bien o para mal la información que abunda en Internet sobre este ministerio no es muy favorable y en el mismo sentido vendrían los comentarios. Cuando nos reunimos para debatir el tema algunos hermanos acudieron a la iglesia con artículos impresos desde Internet que ponían en duda las prácticas de los encuentros y demás cosas relacionadas.
Esto refuerza el mismo pensamiento que plantee en el artículo sobre la difusión de la cultura cristiana, las nuevas tecnologías favorecen la construcción del pensamiento cristiano y hacen de la difusión de la cultura una actividad participativa. Antes la información fluía en una sola dirección, de arriba hacia abajo, ahora todos somos parte. ¿Cuánto tardará para que las iglesias se llenen de laptops donde todos los creyentes a medida que escuchan un sermón amplíen las ideas, participen de la conversación o puedan corroborar lo citado por el predicador? Para algunos esto puede parecer guerras de las galaxias, pero ya la tecnología existe y poco a poco nos vamos acercando. En Nosotros, el medio Dan Gillmor cita un caso similar ocurrido en marzo del 2002, en la conferencia anual PC Forum en Phoenix.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.