En la misma línea del pensamiento postmoderno, leí un artículo titulado Construir puentes para el Evangelio. Expone la necesitad de ministerios transculturales para alcanzar a otros con el plan de salvación dentro de nuestra propia nación. Resumen:
¿Cómo se convierte una persona en un constructor de puentes para Cristo? Si bien necesitamos entender de teología y del mensaje del evangelio, también debemos entender lo que creen los no cristianos, cómo piensan, y cómo han sido afectados por la cultura actual. Y luego, como embajadores de Cristo, nos convertimos en el puente entre la iglesia y el mundo al comunicar el evangelio en el contexto de un esquema mental no cristiano.
Me encantó esta cita cuando explica el problema del aislamiento:
Imagine que recibe una llamada telefónica que le informa que ha sido elegido para ser el embajador de Estados Unidos en China. ¡Para usted es todo un honor! ¿Cómo se prepararía para la tarea? Seguramente necesitará hacer un estudio intensivo de la cultura y las costumbres chinas. Si simplemente dijera: “No hay problema, ¡soy norteamericano!” y pasara por alto este estudio, vería que es muy ineficaz como embajador.
Ahora imagine que Cristo fuera a llamarlo, como norteamericano, para ser su embajador en Estados Unidos. ¿Cómo se prepararía para esto? Bueno, de hecho es a esto que Cristo nos ha llamado (2 Co. 5:20). Pero, ¿qué pasaría si dijéramos “No hay problema, ¡soy un cristiano!” pero no intentáramos entender nuestra propia cultura?
Es sorprendente que esto es lo que muchas personas en la iglesia actual han hecho. Algunos creyentes de han llegado a evitar toda conexión con el mundo. Jan Johnson, en su artículo en Moody Monthly, “Escaping the Christian Ghetto” ha llamado a estas personas “cristianos de madrigueras.” Según Johnson, “A la mañana salen corriendo de sus hogares cristianos seguros, contienen la respiración en el trabajo, corren de vuelta al hogar a sus familias, luego salen para sus estudios bíblicos y finalizan el día orando por los incrédulos que han eludido prolijamente todo el día.”
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.