Por cortesÃa de un amigo tengo “prestadoâ€? el libro de Gerardo de Ã?vila Volvamos a la fuente. Es de esos libros que se publican de vez en cuando y causan un revuelo significativo. Anteriormente el mismo autor escribió “El purgatorio protestanteâ€?, mismo que desde el titulo puedo imaginarme su contenido.
Inicia tomando el versÃculo tres del libro de Judas: “. . . me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santosâ€?. Va explicando lo que él llama “La arbitrariedad del cristianismoâ€? y cómo toda disciplina académica o ciencia parte de supuestos aceptados que no necesariamente tienen que ser ciertos, pues a fin de cuentas “basta con demostrar que el sistema, en su aplicación, funciona. Después va entrando en lo que es el fuerte del libro: Demostrar como la iglesia actual se debate entre los sencillos y sanos principios escriturales y la fuerza de la tradición, doctrina y mandamientos de hombres.
El libro se pone interesante y más de una vez motiva a la reflexión, es cierto, en dos mil años de camino es mucho lo que dejamos atrás y mucho más lo que hemos recogido.
Entre los libros que tengo pendientes y de vez en cuando leo algo está El Caso de Cristo, de Lee Strober. Ha sido un gusto leerlos ambos al mismo tiempo.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatrÃa se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo serÃa imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podÃan llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.