Después de leer La Americanización de la cristiandad, de Gene Edwards, tomé otro de sus libros: Reconsiderando el anciano. Inicia planteando una forma muy interesante de ver el Nuevo Testamento que explicaré después. Aunque su fuente principal es el Libro de los Hechos y las cartas de Pablo, me he quedado con las ganas de corroborar algunas de sus afirmaciones más radicales y no he encontrado la fuente de donde sacó las mismas. Parte del contenido:
En nuestros dÃas, cuando en una clase de Biblia habla uno solamente y el resto escucha, no va a existir ni nunca llegará a crecer la hermandad. Y el dÃa que el maestro empieza a enseñar que “tenemos que tener ancianosâ€?, los que le escuchan asienten moviendo la cabeza pasivamente, puesto que pasivo ha sido siempre su estado general. Poco después, va a haber dos hombres más – además del maestro de la Biblia – que van a ser ancianos. Ahora ya tienes tres personas que son llamadas ancianos, logrando hacer un gran impacto en las vidas del resto (o arruinando las vidas del resto. En el plazo de dos o tres años, alguien está encaminado a sufrir un gran daño)
Este puede ser el método utilizado hoy dÃa, pero no era el método utilizado en el siglo primero. En el primer siglo cristiano existÃa la participación de todos en todo. En el primer siglo no existÃa la mentalidad de “siéntate y escuchaâ€?. Por tanto, las decisiones recaÃan en los apóstoles, el pueblo de Dios y el EspÃritu Santo. La función pertenecÃa a todos.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podrÃa pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolverÃa de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es asÃ. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan dÃa tras dÃa entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatrÃa se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo serÃa imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.