Siguiendo la serie de estudios sobre el crecimiento de la iglesia publicada en Bioiglesias, entro en el tercer estudio. Trata sobre las tres reformas, en especial la última de estas: La reforma de las estructuras. Es una adaptación del capítulo 8 del libro Cambio de paradigma en la iglesia.
Su esquema es el siguiente:
Explicando que es una reforma:
El iglecrecimiento es interdenominacional, pero nunca puede ser ateológico. En esto yo difiero de los defensores del movimiento del iglecrecimiento americano. Es más que un método de valor neutral; hay un paradigma teológico definido tras él. Debemos asumir que este paradigma incluso sirve para aquellos defensores del movimiento del iglecrecimiento que tan apasionadamente se niegan a ser identificados con un paradigma específico.
¿Dónde están las raíces teológicas de este paradigma? Se puede demostrar que el criterio de funcionalidad que caracteriza nuestro enfoque es en gran medida idéntico a lo que podríamos llamar principio reformador: las formas existentes de una iglesia no son aceptadas como sacrosantas, sino que son radicalmente cuestionadas en su significado y en su efecto. Este es el sello de cualquier movimiento de reforma.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.