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La vida de la iglesia

Rafael Pérez 19 April 2005 : 9:06 am 609 Lecturas

Leí esto hace un tiempo en el libro de Gene Edwards, La Americanización de la cristiandad:

El pastor desciende de su automóvil en el estacionamiento de su iglesia. Mira hacia lo alto contemplando el enorme edificio. Ve la sala de juego de bolos, el equipo de baloncesto, el campamento de vacaciones de verano, el edificio de clases dominicales, la sala de cuna operando cinco días a la semana, las oficinas administrativas con sus empleados, etc.

Es un punto geográfico de un grupo de gente que se reúne… una vez por semana. El pastor ha logrado apartar de este edificio un pequeño lugar de reunión donde se juntan por dos horas una vez a la semana, denominado iglesia.

(Una mega-iglesia o súper-iglesia, puede llegar a tener un centro comercial, piscina, gimnasio, etc. pero todo esto, incluyendo el desarrollo habitacional, nunca será la vida de la iglesia. Y al contrario de las para-iglesias, están todas hundidas en concreto en un solo lugar. A pesar de todo el pastor solamente, en 20 acres de terreno, ha aventurado dos horas a la semana para el reino de Dios. Lo que él hace en esta parcela es solamente una sombra de lo que las para-iglesias llevan a cabo.)

Sí, hay unas cuantas personas que vienen a este edificio los miércoles en la tarde y hasta un número menor que sirve en una docena de comités. Pero para la mayoría de la gente en América, “iglesia” solamente significa Domingo en la mañana a las 11.

Generalmente hablando, el concepto americano de la iglesia no va más lejos de eso. “Iglesia” es un punto geográfico. Te metes en tu automóvil y te diriges a él, estás por una hora y regresas. Iglesia es solamente edificios – edificios que no se mueven. La iglesia tiene una dirección postal, un estacionamiento y un número telefónico contestado por la secretaria de la iglesia. La iglesia, en este concepto, es tan poco importante que solamente toma una hora a la semana de la vida de un cristiano. No es extraño que alguien haya inventado las organizaciones para-eclesiásticas. En la iglesia del primer siglo, la vida de un cristiano, de un calendario de 365 días, las veinticuatro horas del día eran todas iguales.

Todo lo que la iglesia es, para nosotros los americanos, equivale a de 10 a 12 horas del domingo. Aquello que derribará las puertas del infierno se encuentra en un pequeño pedazo de tierra, un estacionamiento para los automóviles y una o dos horas a la semana donde todos nosotros, excepto uno, ¡se sientan en silencio! Esa hora, querido extranjero, es quizá la hora más aburrida conocida por la humanidad.