
Muchos medios de comunicación informan sobre el hallazgo de la cueva de Juan el Bautista en los suburbios de Jerusalén. Su presencia en la cueva es atribuida por la tradición local.
Los arqueólogos dijeron que:
â€?…era muy posible que los grabados en las paredes, incluido uno en que se ve a un hombre con un báculo que está vestido con la piel de un animal, podrÃan contar la historia de San Juan Bautista. Los grabados parecen haber sido hechos por monjes en los siglos IV o V.â€?
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podrÃa pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolverÃa de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es asÃ. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan dÃa tras dÃa entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatrÃa se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo serÃa imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.