
Al parecer fue todo un éxito la concentración nacional Obelisco 2004 en Argentina.
Informa la prensa:
En medio de cánticos al ritmo del rap y portando banderas con consignas religiosas, los manifestantes convocados por el Consejo Nacional Cristiano Evangélico apoyaron con aplausos la iniciativa y cuestionaron “la corrupción de las fuerzas de seguridad” y “la ineficiencia” de la justicia.
Durante la concentración, se reclamó además que se reconozca al evangelismo como Iglesia y no como una asociación o fundación.
En su discurso, el pastor Rubén Proieti afirmó que “la libertad de culto que garantiza nuestra Constitución actualmente se da en el marco de una injusta discriminación”.
Se me parece mucho a la Batalla de la fe, una concentración que organiza anualmente Ezequiel Molina y el Equipo de Radio Ven (Voz Evangélica Nacional) en República Dominicana. Pueden ver los informes de varios medios.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.