Hablando ayer en la reunión del consejo de líderes del Ministerio Juvenil de Lucerna, pude recordar el tercer juego de la serie final del béisbol invernal dominicano entre Tigres del Licey y Gigantes del cibao.
Con todas las bases llenas, uno de los más poderosos bateadores en el box y un pitcher presionado, el dirigente de los gigantes, Miguel Diloné, no pidió un nuevo pitcher ni paró otro a calentar. El manager, que había depositado su confianza en este lanzador, todavía la mantenía aun con las bases llenas.
Los comentaristas no comprendían lo que a su parecer era un error estratégico de uno de los dirigentes más agresivos de la liga, pero de esto podemos extraer una verdad espiritual que era de lo que les hablaba ayer a nuestros lideres.
Para trabajar con jóvenes necesitamos depositar en ellos una cuota de confianza. Esta no nos garantiza que se hagan bien las cosas, es más, en la mayoría de los casos no recibiremos el resultado esperado. Aun así, debemos seguir confiando pues fallando es la forma que todos aprendemos.
A fin de cuentas con el siguiente lanzamiento el bateador sacó la bola del play, el manager perdió el juego pero ganó la confianza de un lanzador.
Muchos líderes siguen acumulando responsabilidades que pueden ser delegadas solo por hacer las cosas mejor. El trabajo de servir a los demás debe ser compartido. No existe un manager que pueda jugar todas las posiciones.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.