Continuando el tema del que se habló hace unos dÃas, leo hoy declaraciones “PolÃticasâ€? de la Confederación Dominicana de Unidad Evangélica (Codue) con relación al gobierno de Hipólito MejÃa:
“Lamentablemente, el presidente MejÃa, en su afán por prepostularse, no sabemos para qué, ni ve, ni oye ni entiendeâ€?
En la noticia, titulada Los evangelicos contra la reelección y la corrupción se expresa que las declaraciones fueron tomadas de la comunidad evangélica, expresión un poco genérica, donde todos los cristianos dominicanos estamos incluidos. Solo lean la noticia.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatrÃa se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo serÃa imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podÃan llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.