Ayer al medio día estuvimos compartiendo en el área del café de la Plaza La Telefónica como parte de nuestro programa de navidad. Es algo curioso, pero cientos de personas desayunan, almuerzan y cenan de lunes a sábado en el mismo lugar que se reúne nuestra iglesia los domingos en la mañana. Nuestro ministerio de adoración estuvo entonando canciones de navidad, repartimos literatura sobre el verdadero significado de esta celebración y colocamos un buzón de oración. Mientras los músicos cantaban, diferentes hermanos de nuestra iglesia distribuían tarjetas de oración entre los presentes y tuvimos una respuesta extraordinaria: se repartieron cerca de 120 tarjetas y recibimos 84 en el buzón. Es sorprendente el interés que generó la oración, aún después de terminada la actividad y ya cuando salíamos de la plaza, personas se acercaban a nosotros para depositar sus oraciones en el buzón en un acto de fe que estoy seguro el Señor recompensará.
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:7-8)
¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
(Salmos 42:11)
Estas dos palabras han estado llamando mi atención fuertemente en los últimos años, con diferentes nombres (sinónimos) y manifestaciones, pero en el fondo, siempre las mismas palabras: razón y emoción. Conocí al Señor y pasé mis primeros años en una iglesia con un trasfondo Bautista/Presbiteriano (Templos Evangélicos) que no era muy dada a manifestar sus emociones. En República Dominicana les llaman «iglesias frías». Luego me congregué durante años en otra con un trasfondo Pentecostal (Asambleas de Dios de Lucerna), mucho más abierta a expresar emoción, pero desde un fuerte fundamento bíblico. El fundamento de la iglesia de Lucerna y el liderazgo del Pastor Parra (un maestro persuasivo, analítico y dado al sermón expositivo) fue un muro de contención para las emociones desbordadas aunque —sospecho— le dio a la iglesia una identidad muy diferenciada en cuanto al entorno pentecostal en general. (Afirmo esto porque al participar en cultos unidos y actividades con otras iglesias pentecostales podía percibir la gran diferencia.) Continuar leyendo →
Después de que entendí que mi Dios hizo la música y las matemáticas entonces lamenté no haber dedicado más de mi tiempo a estudiar el Álgebra de Baldor o el Método Pozzoli, pues podría darle gloria por la perfección que hay detrás de cada hipótesis y por la hermosura detrás de la armonía. (La descomposición factorial y el contrapunto siguen siendo para mí un tema tan oscuro como lo es la trinidad para muchos matemáticos; y no es que para mí la trinidad sea más clara, la admito como un axioma y desde allí construyo mi pensamiento, pues carezco de los medios para demostrarla.) Digo que lo lamento porque mientras el profesor de matemáticas explicaba en la pizarra yo no podía imaginar que Dios estuviera detrás de ello, no percibía la perfección que había allí ni disfrutaba —sí, es posible disfrutar resolver un problema matemático—, por el contrario, me era tan aburrido que en vez de resolver los ejercicios me dedicaba calcar monedas en el cuaderno. Con la música fue igual: intenté, pero no me esforcé lo suficiente como para llegar a disfrutar la interpretación de una gran obra y cuando le devolví al Profesor Manuel el clarinete que me prestó sentí un gran alivio. Continuar leyendo →
Llevar a un grupo de creyentes que ya han recibido la doctrina cristiana a un punto más profundo.
Uno de los proyectos más importantes de los que hemos lanzado este año en nuestra iglesia ha sido la Escuela Bíblica. (Domingos 9AM—10AM) Lo lanzamos en el tercer año (2011) y no desde el comienzo (2008) por una razón sencilla: nuestra escuela bíblica no es un formalismo más de los que se tienen en la iglesia «porque hay que tenerlo» o porque «todas las iglesias tienen una», sino, que es una herramienta que cumple en nuestra iglesia una función muy importante y necesaria en nuestro momento actual: llevar a un grupo de creyentes que ya ha recibido la doctrina cristiana a un punto más profundo. Es como si hubiésemos usando una pequeña canoa para pasar de una isla a otra y ahora necesitáramos de un gran barco para atravesar el atlántico. Continuar leyendo →
Simplemente practica con diligencia y todo irá muy bien; tienes cinco dedos en cada mano tan sanos como los míos.
—Johann Sebastian Bach (músico y concertista),
aconsejando —con humildad— a uno de sus estudiante.
(En un mundo en el que se exageran las habilidades de los instrumentos en detrimento del Creador, las dos manos «comunes» de Bach son un gran testimonio de humildad.)